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Ni una mala tajada Donde picar á gusto. ¡No halló nada! Cual la zorra del cuento, don Antonio, Dando de su avaricia testimonio, No deja al buen Mateo Ni siquiera la sombra de im fideo, Y en el revuelto caldo de la fuente No puede hincar el diente, Aunque en ello se empeña, Ocurriéndole igual que á la cigüeña. Le han dado la castaña. Está probado; Y es para aquel guisado Inútil tenedor su largo pico. Antonio, con la lengua y el hocico, Limpió tan bien la fuente, que pudiera Servir de fregatriz, como él quisiera. Resentido Mateo de la chanza, Acaricia proyectos de venganza, Y en aquel mismo acto Se acuerda con fruición de cierto pacto, Y exclama para sí con alegría: ¡Te devuelvo el convite el mejor dia! El momento anhelado Llega por fin, y Antonio es convidado; Que tiene esta pareja la fortuna Que el uno come cuando el otro ayuna. De muy rico cristal, limpia y tallada, Sobre la mesa se halla preparada Una redoma de jigote llena. ¡Allí fué la aflicción, allí la pena! Antoñito el hocico al punto asoma Al cuello de la hidrópica redoma... ¡Es salsa electoral! ¡No cabe duda!