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134 compro- emisarios, pues hay quiea paga los peatones á precio de oro. Los electores correspondientes á la Sociedad de Amigos del País se han reunido en fraternal banquete, de á 20 duros cubierto, y han brindado por esta Sociedad Económica. Y éstos no son más que los preparativos. Cuando llegue la lucha, todos los correos, telégrafos y teléfonos serán pocos para comunicar datos, noticias, cifras y alcances del uno al otro confín de la Península. Todos los candidatos se sienten á estas horas padres de la patria, y ninguno querrá decir como el clasico: Yo, el menor padre de todos Luego vendrá la Comisión de actas con la rebaja. Y empezará la ingrata y antipática tarea llamada por las leyes civiles investigaciones de la paternidad. Podrá ser nuestra vida una vida sosa, pero no es una vida de pocos lances. Cada día se zanja uno de honor, y se preparan dos ó tres para el siguiente. Generalmente se verifican de madrugada, y cada contendiente procura madrugar más que el contrario, fundado en el refrán de que á quien madruga, Dios le ayuda Y, en efecto, como el madrugador suele acatarrarse, la primera frase que escucha al estornudar en el campo del honor, es ésta: Dios le ayude á usted. Por lo general no tienen consecuencia estos encuentros; pero hay lastimosas excepciones. ¿Ve usted esto? -me decía un duelista tuerto, enseñándome el ojo vacío; -pues es resultado de un lance de honor. Demonio! Por lo visto, el contrario lo enhebró á usted como á una aguja. ¡Ca! si no fué el contrario, fui yo mismo. Como en los lances de honor ya sabrá usted que lo primero es la cortesía, me precipité á saludar, y me di en el ojo con el guardamano. -Habrá usted escarmentado de esta hecha. -No, señor; esto no es óbice. ¿Qué ha de ser óbice? Ni órbita tampoco. Los Carnavales traen siempre desafíos aparejados y otros en pelo. Los que nacen en la taberna acaban de mal modo en la calle; los que brotan en los salones terminan con un día de campo del honor. Pero los deberes sociales son sagrados. Antes de colgarse un frac, hay que saber tirar toda clase de armas. -Esgrima, esgrima ante todo- -dicen los duelistas. Y en efecto. Es grima lo que dan. La ansiada nivelación del presupuesto exige toda clase de sacrificios. Y si bien es verdad que se podan más fácilmente los brotes delgados que las ramas gruesas, no es menos cierto que la equidad demanda entrar con la podadera lo mismo en la modesta esfera de los empleadillos, que en el sancta sanctorum de los altos burócratas. Un periódico ha pedido, con notable oportunidad, que se supriman muchos coches galoneados, dejando de á pie á varios personajes, que hoy son plazas montadas por obra y gracia del presupuesto. Sin embargo, es de temer que la súplica no dé resultados ó los dé contraproducentes. Quizá respondan soberbiamente los aludidos: -Lo que no está ni medio bien es que, personajes como nosotros, vayamos en berlinas. Que nos las quiten en buen hora; pero que nos den el landau, la carroza ó el familiar que nos corresponda por clasificación. Y á pesar de todo, economías con coche no se comprenden. El crédito nacional está muerto ó próximo á morir, ¿no es eso? Pues nada más natural que la familia del difunto empiece por suplicar el coche de quien le tenga. LUIS ROYO VILLANOVA.