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LA MUJER Á LA MODA La Pacini está en escena; ha comenzado un aria, en que cada nota es un melancólico suspiro de amor ó un sollozo de amargura. El público, sin embargo- no escucha á la artista, inmóvil, silencioso, conmovido como de costumbre. En las butacas, en los palcos, en las plateas, en todo el círculo de luz que ocupa el dorado mundo de la corte, se percibe un murmullo ligero, semejante á ese rumor que producen las hojas de los árboles cuando pasa el viento por una alameda. Las mujeres, impulsadas por la curiosidad, se inclinan sobre el antepecho de terciopelo rojo, las unas, mientras las otras, afectando interés por él espectáculo, fijan su vista en la escena, ó pasean una mirada de distracción fingida por el paraíso. Todas las cabezas masculinas se han. vuelto: hacia un sitio, todos los gemelos están clavados en un punto. Se ha visto oscilar un instante el portier de terciopelo de su platea; ya se divisa su falda de seda blanca y vaporosa. Ella va á aparecer al fin, va á aparecer el ídolo de la sociedad elegante; la heroína de las fiestas aristocráticas; el encanto de sus amigos; la desesperación de sus rivales; la mujer á la moda.