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119 muñequitos de china con que la moda llena los estantes y cubre las mesas. Veamos los objetos que adornan la estancia. En un ángulo, colgado del muro, un mueble de madera originalísimo, invención del propio Pida) Afecta la forma de un fuerte de la Edad Media, con sus torreones y rastrillo, abierto el cual, aparece el único ejemplar existente del Poema del Cid el primer libro escrito en romance castellano, que D. Alejandro heredó de su padre y gran historiador de nuestra literatura, D. Pedro José La idea es muy peregrina Un manuscrito del siglo xn, defendido por un puente levadizo de la misma época La importancia de la obra exigía una caja que se apartara de lo vulgar... El códice tiene buenos compañeros... Un hermoso tríptico, que pide á la legua la firma de Jerónimo Bosch; un joyel de D. Alfonso el Católico, encerrado en una vitrina; un relicario dé Santo Tomás de Aquino; un sello del Arzobispo de Toledo y famoso cronista Ximénez de Rada, y haciendo juego con estas joyas antiguas, que producirían la felicidad del erudito arqueólogo y buen amigo mío José Ramón Melida, distínguense en las paredes un escudo de armas labrado en Oviedo, una preciosidad de cincel, regalo del Cuerpo de -chiveros; las fotografías del ilustrefilósofó P. Ceferino González, con sus dos discípulos predilectos, ü Alejandro Pidal y Pérez Hernández, á quien arrebató la vida el cólera del 85, y un escaparate que muestra detrás de su cristal un rifle moderno y un retrato de D. Alfonso X I I con la siguiente curiosa dedicatoria: Recuerdo de La Granja y de un compañero que iría feón Alejandro Pidal á cazar alfin del mundo. La mesa es de las llamadas ministras, reposando sobre su tabla un diluvio de pisapapeles y otros cachivaches, presididos por una escribanía de plata repujada y un crucifijo Pegados al balcón hay un diván y dos butacas Todo se halla en orden, revelando una exquisita regularidad Si el despacho de D. Alejandro hablara, podría referir cosas curiosísimas acerca de su manera de trabajar. Elegido el tema, reúne sobre una gran mesa todas las obras de consulta pertinentes al caso y cuantos apuntes posee sobre la cuestión, bosqueja el plan en una cuartilla, trazando un croquis geométrico del conjunto, y describe lo que se proponga de una vez, sin pararse á corregir fechas, citas ó estilo, que es objeto de una segunda vuelta. Antes de empezar la redacción de sus discursos se templa leyendo un capítulo de Fr. Luis de Granada, una oración de Lacordaire ó un párrafo de Renán, y por si no fuera suficiente tal preparación, coloca ante sus ojos, y entre volúmenes y papeles, una estatuita de Santo Tomás de Aquino, el filósofo cristiano de su ferviente adoración. Don Alejandro Pidal es un partidario decidido de la inmortal, aunque manoseada máxima: Mens sana in corpore sano. De joven se ejercitó con deleite en la gimnasia, llegando á merecer de sus amigos, por su fuerza y por los largos cabellos qué gastaba entonces, la denominación de El león del Retiro después practicó la esgrima, y hoy es uno de los más decididos cultivadores de las teorías hidroterápicas, sostenidas por el célebre abate alemán Knneip, hasta el punto de que no se sienta á comer ningún día, que no tome primero un baño frío de pies, calzándose sin secarse. Por la escopeta ha tenido siempre delirio; sus aficiones venatorias le han podido costar la vida tres veces en Méridá, Gijón y Pie os? de Europa, y, consecuente con sus gustos, casó con su virtuosa esposa actual, hija del Marqués de Campo Sagrado, célebre cazador de osos. La silueta de D. Alejandro Ridal, como filósofo y orador, es sobrado conocida y no conviene con la índole de estas fotografías íntimas. Sólo apuntaré un hecho curioso: proverbial es la impetuosidad y la viveza de oratoria, reflejo de su carácter; la cosa resulta perfectamente natural, sabiendo que la nodriza que lo laetó fué una contrabandista famosa por sus combates con los carabineros. JUAN LUIS LEÓN,