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CClt 0 Año III M a d r i d 18 d e F e b r e r o d e 1 8 9 3 Núm. 94 FOTOGRAFÍAS ÍNTIMAS DON ALEJANDRO PIDAL Y MQN Le deberé siempre el inmenso favor de que me recibiera en su casa siendo Presidente del Congreso, sorprendiéndole con el sombrero puesto, en la antesala, y esperándole el coche á la puerta. -Yo también he sido periodista- -me dijo con exquisita finura, -y sé que las oportunidades que se desperdician no se vuelven á encontrar Fase usted... Le expliqué el objeto de mi visita, y, completando su amabilidad, brindóme con el propio sillón de su mesa, me puso delante un pliego de papel con membrete, y exclamó: Para facilitar su tarea, escriba usted sus notas y yo le iré dictando Disimulé mi espanto bajo una sonrisa, pero me quedé aterrado, frío ¡Dictar él, á quien apenas si consiguen seguir los taquígrafos cuando habla! Comenzó, en efecto, á reseñarme al galope los objetos dignos de mención de su despacho; como pude los apunté en una cuartilla, en unos rasgos que más parecían árabes que españoles, y me retiré agradecidísimo y á la vez seguro de que eran intraducibies mis garabatos, y de que, salvo el honor de estrechar la mano de un hombre tan ilustre, había perdido el tiempo. La paciencia es una virtud que no reconoce imposibles, y, ayudado por la memoria, logré al cabo descifrar los ieroglificos de mis apuntes; he aquí lo que recuerdo. E l despacho de D. Alejandro Pidal corresponde en absoluto á su manera de ser, y está conforme con su silueta tal como la ha formado la opinión pública. Las inclinaciones del hombre se manifiestan en sus menores detalles; parodiando el refrán, me atrevo á inventar otro: Dime quién eres, y te diré qué inuebles tienes Conociendo al gran orador, no se comprenderían en su cuarto íntimo de trabajo estatuillas italianas, bonitas, pero ligeras; las mil figuras y