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(ÍOPO REVISTA fLUSTRADA Afló III M a d r i d 11 de F e b r e r o de 1 8 9 3 Núm. 93 FOTOGRAFÍAS ÍNTIMAS DON RAMÓN CAMPO AMOR ODOS los que comenzamos á peinar canas le hemósi conocido aposentado en el mismo sillón de gutapercha; y sitigularmente desde que la gota implacable le asaltó las piernas, acaso por intrigas de la melancolía, despechada de no poderse apoderar de su espíritu, se pasa la vida el ilustre poeta sentado en sti butacón, rebujado de medio cuerpo abajo e unamantá á cuadros, que concluye por resbalar y caerse, y con un libro en la mano, que suelta para tomar notas con lápiz en una cuartilla, sin variar por eso de postura. Las visitas de cumplido no i) enetran más allá de la puerta de la escalera; hasta el insigne aLit T oo llegan sino los amigos de confianza, y por únicos honores deja D. Ramón el volumen, se queda con los quevedos en la mano en a actitud del que se dispone á comenzar un discurso, y no varía de posición; no cabe dudarlo: la butaca ha concluido por imponerse y hacerse señora de su dueño En las tardes serenas del invierno suele vérsele embutido en su gabán de pieles tomando el sol en el Retiro ó al anochecido descansando en la librería de Fe Pero en cuanto se declara el mal tiempo, se encierra en su casa y se enfrasca en la lectura, suspendiéndola cuando encienden los faroles, porque sus veladas pertenecen al tresillo tradicional De esas soledades, de las horas de éxtasis en que quizás le rebosan los recner dos, resultan sus humoradas tan humanas, tan profundas, tan palpitantes: son su propio corazón. Campoamor no tiene despacho; su cuarto de trabajo es un gabinete, una pieza familiar amueblada con sencillez; junto al balcón, buscando la luz, hállase instalada una mesa cómoda, quizás del pasado siglo, con cajoncitos y tablero movible, sobre el que hay un tintero y un remolino de papeles; en sus vecindades se abre una estantería con libros, frontera de otra igual cargada de volúmenes; á un lado un armario de luna, y al fondo, bajo la plegada cortina, se descubre la alcoba con el lecho y el tocador