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Yo, sin embargo, desearía que, cumpliéndose el deseo de todos, los mil candidatos que se anuncian tuvieran entrada en el Congreso de los Diputados. ¿Quién es? -preguntaría el Mayor del Congreso, respondiendo á los aldabonazos. ¿Quién ha de ser? -respondería uno de los mil. -El amo; el señor de Milenta. La juventud nos está dando muy malos raptos. Ya es una jovea que se hace un lío (con la ropa, por supuesto) y arrastrando al novio con Siga, marcha á comer el duro pan de la emigración, mojado en miel de la consabida luna; ya es una pareja de jóvenes que se escapa, y cuya fuga, contada por algún periódico con las iniciales de los evadidos, más bien parece una fuga de vocales que una fuga de niños amartelados; ya son dos chicos vecinos que, arrebatados por la mutua pasión, se ponen en berlina y escapan á todo galope de una propina espléndida. ¿Dónde está, la niña? -exclama el papá, desesperado al notar la ausencia de su hija. ¡Infeliz! Se marcha por horas. Jesús mil veces! ¿Le ha dado algún ataque apoplético? -No, hijo; es que se ha escapado en un coche de punto. Si en tal estado se encuentran los corazones juveniles ahora, en pleno invierno, ¿qué va á suceder cuando llegue la primaveral Bien es verdad que las madrileñas, las gatas de Madrid, ¿cuándo, si no en Enero, han de sentir los impulsos de la pasión? La tiranía paternal es causa de estos y mayores estragos. Dos jóvenes se adoran, hacen proyectos para lo porvenir, se disponen á unirse en indisoluble lazo de cazar reses bravas, y cuando menos se lo figuran viene el disenso paterno á desbaratar felicidad tan grande. -Pero vamos á ver- -dicen los padres; -no tenéis criterio práctico, no pensáis en las cargas de matrimonio. ¿Con qué cuenta tu novia? -Con los dedos, papá. ¿No sabes si su padre la ha mejorado? -Si Ascensión es inmejorable. -Hablo de mejorarla en tercio y quinto. Ah! En tercio sí, señor, porque él es coronel de la Guardia civil, y en quinto también, porque yo soy recluta disponible. Á los pocos momentos el chico, desesperado, se presenta en casa de su esposa futura. ¿Te ha dado- -dice ella, -te ha dado tu padre consentimiento? -Con sentimiento, sí- -responde él; -pero ha dicho que no me lo daba. Todos conocemos á la grippe, cuando menos de oídas. Toses en el teatro, toses en la iglesia, toses allá donde se reúnen media docena, de personas. Los aparatos telegráficos podrán estar mal; pero los aparatos respiratorios se encuentran muchísimo peor. El que no guarda cama, guarda brasero todo el santo día. Tal como se encuentra la Península, estamos en las mejores condiciones para resolver á nuestro favor la cuestión de Marruecos y cualquier otro eonñicto internacional. Porque con los pulmones que tiene España, ¡cualquiera nación consigue que no la tosamos! LUIS E O Y O VILLANO VA.