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Á OCHO DÍAS VISTA Primer millar. -Movilización de electores. -Guerra y Gobernación. El Congreso libre. -El Sr. de Milenta. -Del rapto y sus causas. -Enero y las gatas da Madrid. Padres é hijos. -La grippe- -Modo de resolver las cuestiones internacionales. La friolera de mil candidatos, entre blancos, negros y grises, aspiran á la honra de sentarse en los escaños del Congreso. Intencionadamente he puesto mil en letra y no en cifra, porque tres ceros son muy pocos para representar los muchísimos é incalculables ceros que, aprovechándose de su redondez y poco peso, ruedan y ruedan de distrito en distrito buscando un resquicio por donde colarse, acta en ristre, en el palacio de la representación nacional. También me guardaré muy mucho de llamar á los tales ceros á la izquierda Eso seria ofender á sabiendas á las oposiciones, que aseguran, como de costumbre, que esos candidatos de tan escaso valor se sientan invariablemente á la derecha. Un millar de candidatos. Y luego dirán que el sistema parlamentario está llamado á desaparecer. Lejos de ello, aunque el moderno huracán que ahora sopla en otras naciones barriera en una hora todos los sillares y ladrillos de nuestro Congreso, esos mil candidatos serían capaces de levantar en una noche otro palacio sobre los cimientos del antiguo, á gusto y para cabida del millar dichoso, ya que ahora no hay sitio para todos, porque el completo se baja pronto y las plataformas y estribos no tienen amplitud ni resistencia para los sobrantes. Estamos en pleno período de movilización electoral, que bien pudieran estudiar los ministros de la Guerra, para ensayar sobre estas bases la movilización del ejército, uno de los problemas difíciles del arte bélico. Será ó no será el amor á la patria lo que nos mueva; será ó no será el entusiasmo por las ideas políticas de esta ó de la otra clase; pero la actividad que en estos días se despliega es la prueba mejor de que no somos un pueblo haragán y perezoso. Empieza, la contradanza de jueces, cuya inamovilidad, sin llegar á ser un mito, es un mico de marca mayor; á este alcalde se le corona de flores, á tal otro se le corona de espinas; lavara de aquél echa brotes y florecillas como la del Santo Patriarca; la vara del vecino se adelgaza, alisa y escurre hasta escapársele de entre las manos; que en este mundo electoral, todo es según el color, no del cristal con que se mira, sino del cristal que es mirado. -Usted, ¿con qué color se presenta? -preguntamos á un candidato. -Yo, con éste- -responde, -aunque pienso mejorarlo un poco, porque allá en el pueblo siempre se gana en color y en carnes. -Por supuesto que el distrito lo tendrá usted completamente seguro. -Seguro servidor, que mi mano besa. -Entonces, ¿quién como usted? -Ahora nadie; y después, ¿quién como la patria? Dícese que los candidatos derrotados echarán el resto- -el resto de los mil- -y pondrán barbería enfrente; es decir, un Congreso libre frente al Congreso nacional. Teniendo cuidado de que el nuevo edificio no tenga signos exteriores tales como leones, banderas y guardias de orden público, la legalidad del flamante Congreso queda asegurada. Y respecto al gobierno interior él se encargará de hacer la competencia al actual Congreso, no poniendo á discusión presupuesto ni ley alguna, y dedicándose exclusivamente al cultivo y desarrollo del incidente personal. Dicho se está con esto que el Congreso futuro se llevará al antiguo de calle, de plaza de las Cortes y de Carrera de San Jerónimo.