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¡SI FUERA YO MINISTRO! 5 ¿f c -i B a t 1 ¿Y á eso le llaman imposible? ¿A eso á la toma de Gibral if fei tar? I Valiente cosa! li, comenzaba un monólogo, bravo y enardecido, Covarrubias, Orejólas, rfi V como le llamaban sus compañeros los cadetes de tercer año. -íSa r ffi Hacia ya buen rato que por los ámbitos del hermoso alcázar toledano VJiS v se había dejado oir el soñoliento toque de bando Con talante avina í í I R L grado y renegando cada cual de su mala estrella; aburridos y mortecinos féXSS i wL espíritus por la tarde pasada en zambras y requiebros, fueron sentándose v fc i i í l i í lacios, muy lacios, en las sendas y alineadas papeleras. ÁJE 3 V i i Algún cabito alfeñicado, amigo del postín y poseído de su posición JT S k l I J s jerárquica, se permitía lanzar con acento grave la frase sacramental en a ff sS jj tales momentos: ¡Vamos, á estudiar! x Y los novatos corrían dili ía H -JSÍíS gentes, mientras los antiguos y aun los apóstoles caminaban con S j V i5 -t, paso tardo y perezoso; de suerte que á los tres minutos se hizo el silencio, í? V y el bullicioso tropel se entregó á las ordinarias tareas. i Marianito Covarrubias, algeoireño que llevaba en su frente la luz y el r -i; -p? j; í; i color de SU tierra, y sobre su alma la indolencia majestática del árabe, fué i i los que con mayor lentitud ocuparon su asiento y con más des enfado y morriña abrieron los libros de texto. Eso sí; por no salir del tema de sus aficiones, luego de cuchichear con el novato de su derecha, atrapó los tomitos de Historia y de Arte de la guerra, y se engolfó en fantasías y meditaciones ardorosas y patrióticas. Tal es el momento en que le vi, porque el bueno de Orejólas tenía su asiento muy cerca del mío, y gritaba más de lo que á él y á los demás conviniera. WSft i t I ¡Nada, nada voceaba el algecirefio mirando las lincas de un plano, -una escuadra que acecha, con las calderas encendidas, muy potente y numerosa, aquí, en el puerto de Mahón (y señalaba en el mapa con la punta del lápiz) otra escuadrilla, la pongo aquí, junto á la isla de las Palomas, en Tarifa ocho ó diez batallones de cazadores se agazapan en Sierra Carbonera y en San Roque; desde mi tierra, cañoneo de firme sobre. el frente, y con algunas docenas de jaramperos y rufianes de la Linea, gentes de hierro y ladrones de afición, espero el momento preciso. Previo acuerdo, los de Mahón zarpan con rumbo á Gibraltar á hora conveniente; los de Tarifa, á eso de la media noche, aparecen en Punta Carnero; se disponen los cazadores, zumbean los artilleros, rajan, O r. f i