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72 Desfiló ante mí á poco no escaso número de abencerrajes, cuyos nevados jaiques me pareció que habían salido de los jazmines, que al abrir sus pétalos se agrandaban, se agrandaban hasta llegar á convertirse en el objeto de mi visión ¿Qué música era aquella que percibía, dulce, cadenciosa é impregnada de nn sentimentalismo con nada comparable? ¿Serían los ecos de la guzla, tañida por alguna hurí encantadora de las soñadas por el Profeta? Ello es que al oírla sentía placer inexplicable y grato consuelo en el corazón, como si el frescor de matinal rocío pudiera bañar mi cuerpo y mi alnia Era un coro de ruiseñores, encargado por la última sultana de cantar á diario sus amores y sus funerales Amanecía: la luz vaga y rosada de la aurora, tras disipar los velos de la noche, me hizo ver la Alhambra en todo su magnífico esplendor, vestida de perennes galas orientales y recibiendo con delicia las nuevas traídas desde las playas moras por una nube de errantes golondrinas Para ellas tiene siempre la Alhambra abiertas de par en par sus puertas, de igual modo que para los perfumes de las flores de sus jardines y los genios del amor y de la poesía Cuando pisé los umbrales de la mezquita cordobesa, el vértigo de la impresión artística me hizo apoyarme en una de las muchas columnas que, á guisa de pinar marmóreo, invaden aquel recinto en todas direcciones, formando largas y amplias naves, por donde se cree ver avanzar, antes que una procesión cristiana, cortejo de moros dirigiéndose silenciosos á la capilla del Mirabh para recitar sus oraciones. ¡Alah es grande. h, nos dicen por doquier las arábigas inscripciones, que hacen una artística filigrana de muros y puertas, y i Alah es grande! parece que repite el ¡viento con arrullo de amor eterno en el Patio de los Naranjos. Imposible salirse de la mezquita en buen espacio de tiempo después de haber penetrado en ella; debido esto acaso al imán irresistible de la admiración, que hace detener el paso, enmudecer la lengua y soñar al alma por eso, sin duda, he soñado tantas veces con los recuerdos morunos que encierra mi Andalucía, y, sobre todo, con los ojos negros de sus hermosas mujeres, trasunto fiel de aquellas huríes Despierto y todo, sueño, sin embargo, con los ojos negros. ¡Hablan con una elocuencia! ¡Saben iluminar de un modo el camino del amor! ¡Otra vez dibuja la luna en el árabe patio la figura de Mm- aima! También tenía, ó lo había soñado al menos, los ojos negros. JULIO V A L D E L O M A R Y FÁBREGUES.