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ovMÍci REVISTA LUSTRADAT Año f III M a d r i d 2 8 de B n e r o d e 1 8 9 3 N ú m 91 FOTOGRAFÍAS INTIMAS DON F E D E R I C O RUBIO s usted enfermo? -me preguntó la doncella que me abrió la puerta. -No, á Dios gracias- -P u e s pase usted entonces al despacho. Penetré en la habitación, sintiendo bajo mis pies blanduras de alfombra, y allá al fondo, aposentado en un cómodo frailero junto á la chimenea, enfrascado en la lectura de un periódico, distinguí una figura venerable y recia, con algo de las plenitudes corpóreas del Moisés de Miguel Ángel, con una copiosa y bíblica barba blanca de profeta, cayéndole por el pecho hasta la cintura. N o esperaba encontrar á nadie en la estancia; aquella silueta majestuosa surgiéndome de pronto, me trajo á la memoria la de un gran pintor ultrapirenaico, y estuve á punto de murmurar, obsesionado por la semejanza: ¡Bonjour, monsieur Meisonnier! P o r suerte había concluido ya el ilustre operador su examen de la prensa; á la hora en que yo le vi, es seguro encontrarle en su sillón de la chimenea. Infatigable y vigoroso como en su fresca juventud, sin dormirse sobre sus laureles ni sobre sus dineros, continúa ejerciendo su carrera D. Federico Rubio,