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97 titud nacional ó patriótica ufanía que orJinaríameate es, por lo tardío, una estéril 6 irrisoria justicia, si no una penitencia de- la posteridad avergonzada. I Zorrilla nunca quiso ser hombre politico. En el primer año de estancia en la corte, por hacer de- todo colaboró en un periodiquito de ideas avanzadas, que sólo duró dos meses, pues pronto logró figurar entre los bienaventurados, viéndose perseguido por la justicia Sus redactores escaparon como pudieron, y Zorrilla, que níilagrosainente 66 salvó de hacer un viaje forzoso y gratuito á Fernando Póo, consiguió huir de Madrid, merced á la gratitud y á la astucia de uu gitano, á quien había salvado la vida, poco tiempo antes, y que haciendo una trenzado la abundosa cabellera del poeta, embadurnando su rostro, y encajándole en un completo traje gitanesco, hízole escapar confundido entre su tropa Zorrilla renunció para siempre á la política. No- pudo aspirar, por. consiguiente, á esas altas posiciones qué tan fáeilmentfi logran audaces nulidades, aprovechando, el presente y asegurando el porvenir; no pudo el favor de un prohombre conce. -derle una cartera, para que después de perturbar el país, como tantos otros, con su ineptitud, con. su ambicionó con su rapacidad, pudiera irse, desacrer ditado en la opinión, pero acreditado, en la nómina, á disfrutar el regalo de una, pingüe. cesantía. Iil p leta, que o ser para eso, siguió cantando, teniendo que contentarse con recoger laureles mientras los empingorotados politicastros, que le. miraban con desdeñosa compasión, se comían el estofado -Don Cristino Manos, el elocuente orador, muerto también reoiente mente, hombre de corazón y amigo de la juventud de Zorrilla, concedióle, sierido Ministro de Estado en 1871, una comisión fórniula decorosa bus- cada para proporcionarle una pensión, que no podía justificar ningún capí: tillo- ni partida- del Presupuesto, de ese Presupuesto que devora taiita s. ibandijá- pero poco después le fué quitada, y aunque más tarde volvió á obtener, algán. modesto auxiho oficial para po er vivir, el anciano poeta, honra y gloria de su nación, tuvo que trabajar sin descanso hasta los últimos años de sU existencia, ocupando su mano, ya trémula y vacilante, en pulsar la lira, para n o tener que tenderla pidiendo una Imiosna. Al llegar á este punto entrégannos otro retrato de Zorrilla: el que p o r encargo del Director de BLANOÜ Y NE KU hizo el S. r. Laurent en el mismo Zorrilla en 1866. despacho del poeta, pocos días antes de su muerte, y que va en otro lugar de este número con un notable articulo, debido á, pluma mejor cortada que la nuestra. Al verlo, huyen de nuestra mente los recuerdos de su vida, para llenarla sombras de tristeza y de iñuerte, -é inclinando la frente ante los designios de Dios y las leyes de la naturaleza, terminamos repitiendo, á modo de oración, estos versos escritos por. el gran poeta ecpaSol haue ya muchos años: E l laurel de la gloria Sombreará, estremecienidose sonoro, Tu lápida mortuoria, Do radiará tu uombie en letras de oro. Bardos le cantaián: un pueblo atento Les oirá conmovido, y tu memoria Durara cuanto dure el firmamento. Agmla vigilante n tu laurel auidará, cuidando Que tu dormir no espante De aves siniestras agorero bando. Y cuando en. noohe. azal tu alma dichosa A- agae. invisible con el aura errante Bajando á visitar la terrea fosa, Él ave no vencida, Tendiendo ante ella sus potentes alas. La volverá atrevida, Hasta el. dintel de las empíreas salas: Y allí, de Dios la bendición tomando, Descenderá, trayendo á tu dormida Sombra, paz sem. piterna y sueño, blando. FELIPK PÉREZ Y GONZÁLEZ (Tello Téllez)