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96 Tenorio, poeta conocido y celebrado, al punto de decir el Sr. Floreb, haciendo la critica de aquel drama: No es novedad que el Sr. Zorrilla haga buenos versos; no lo es que tenga pensamientos, giro y entonación verdaderamente poéticos, y de ello dan testimonio todas sus obras líricas y dramáticas. Raya en este punto tan alto, que cualquiera puede contentarse con igualarle, y casi todos deben perder la esperanza de aventajarle. Zorrilla, que también hizo por aquellos tiempos ligeras composiciones del género cómico, en una chistosísima epístola, publicada en La Risa y dedicada al Director de aquel periódico, D. Wenceslao Ayguals de Izco, retratábase en los siguientes versos: Yo soy un hombrecillo macilento De talla escaía y tan estrecho y magro, Qne corto andando, como naipe, el viento. Y protegido suyo le consagro, Pueí son Aedelgadez y sutiliza. Ambas á dos mis piernas un milagro. Sobre ellas va mi cuerpo, y mi cabeza Como diamante al aire y abundosa Pelos me prodigó naturaleza. De tal modo, Que en siesta calurosa í, íis melenas y baibas extendidas, A mi persona dan sombra anchurosa. Mi cara es, como muchas que, perdidas Entre la turba de las otras caras, Se pasean sin ser apercibidas; Mofadora expresión, si la reparas. Muestra á veces, las más indiferencia, Y otras melancolía, aunque muy raras. Cual soy me tienes, pues, en tu presencia Visto por fuera, Wenceslao amigo; Pero visto por dentro hay diferencia. Que aunque soy, en verdad, como te digo, De hombie en el exterior menudo cacho, Alma mAs rara bajo de él abrigo. Serio á veces, á veces vivaracho, Tengo á veces arranques tan exóticas, Que rayan en tontunas de muchacho, Y otras v oes los tengo tan despóticos, Que atropello razones y exigt- ncias Por cumplir mis caprichos estrambóticos. El SEGUNDO EKTBATO encuéntrase en el número íel Musée des familias, de París, correspondiente á Febrero de 1851, acompafiado de una curiosa y laudatoria noticia biográfica. Zorrilla, en sus Recuerdos del tiempo viejo, dice: Yo me ausenté de mi patria en 1847, por razones que anadie importan: me fui el 6. á América por pesares y des fc, 1 venturas que nadie sabrá hasta después de lui muerte, con la esperanza de que la w 9 n k liebre amarilla, la viruela negra ó cualquiera otra enfermedad de cualquier color acabaran oscuramente conmigo en aquellas remotas regiones. Sin embargo, la época á que corresponde este segundo retrato, si pudo ser de tristezas y de amar, uras para el hombre, debió de ser de satisfacción. y de legitimoorgullo para el poeta. Sus obras iban á figurar reunidas en la Colección de los mejores autores iintiyuos y modernos, que publicaba la citada casa editorial de BaHtlry, y de ellas se hicieron dos ediciones en el breve espacio de cinco afíos, según vemos en la üiogr iphie Universelle, al ocuparse del vate español; la primera etf dos tomos, en 1847; la segunda en tres, en 1863. Las obras poéticas de Zorrilla- -decía entonces el Mvsée des amillesr- tormaB 26 volúmenes, que contienen próximamente 200.000 versos. Esta fecundidad recuerda á Calderón y á Lope de Vega. Sus obras han producido pingües gáriáncias... á los editojeS y á los que fraudulentamente las han reproducido. De esta biografía y de este retrato dice Zorrilla, con singular gracejó, e n s u s iJé- cuerdos: Pitre Chevalier, director del Museo de las familias se empeñó e n p u b l i car en él mi retrato y mi biografía, y lo hizo, como francés, sin atender mis justas y modestas observaciones. Convirtió mis breves notas biográfiéas en una fantástica novelilla, y Mr. Pauquet, el primer dibujante de aquel tiempo, recibió su orden- de retratarme embozado en mi capa española y mirando de perfil al cielo, como un V D. Juan Jerezano que espera que se le aparezca su Dulcinea en el- balcón para decirla Por ahi te pudras. Ko era posible que mi retrato indicara que era de uri Pu. j poeta español, si no tenía capa y si no buscaba con la vista la inspiración del Espíritu Santo y aun le quedé agradecido á que no me pusiera una guitarra en la mano, Zorrilla en 1851. de lo que creo que me libró sólo su afán de embozarme. Ko disponemos de espacio para seguir á Zorrilla en su peregrinación por las tierras americanas. Lea aquellos Recuerdos quien desee saber noticias curiosísimas de la vida del aventurero trovador durante ese período. Ciñéndonos á nuestro objeto de hoy, y mirando el TEECEE RETRATO, que á la vista tenemos y que fué publicado en JEI Museo Universal el día 5 de Agosto de 1866, hemos de recordar otro suceso importantísimo en la vida del poeta: su regreso á España, después de aquella larguísima ausencia. Don Isidoro Fernández Flórez, en un Estudio biográfico de Zorrilla, dice que su llegada á Madrid fué un relámpago glorioso, algo como apoteosis el mismo poeta, hablando desu vuelta á España, se expresa en estos términos: Cuando volví en 1866 á mi patria, ¿cómo me recibió? Como su padre amoroso al hijo pródigo, como su santa familia á Lázaro el resucitado, como Roma á los triunfadores, á quienes coronaba en el Capitolio Y después de referir lo que hicieron Barcelona y Tarragona, Zaragoza y Burgos, Valladolid, Valencia y Granada, agrega: Madrid, declarado en estado de sitio, y prohibida en él la reunión pública de más de cinco personas, reunió cuatro mil para acompañarme á mi casa desde la estación. Por último, otro escritor insigne, cuya muerte reciente lloran también las letras españolas, D. Pedro A. de Alarcón, publicó, con este motivo, una sentida carta, de que copiamos este párrafo: Zorrilla ha alcanzado, vivo y joven todavía, la solenme y desapasionada veneración que sólo se tributa á los que traspasaron los umbrales déla muerte, ápareciéndosenos hoy como si fuera monumento viviente de su propia gloria, al que podemos rendir, con eficaces sirfragios, que hermoseen y halaguen el último tercio de la existencia mortal de aquel hombre, aq uel tributo de gra-