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AñoHI M a d r í d i 4 dé F e s b r e r o d e 1 8 0 3 NÚm. 93 FOTOGRAFÍAS ÍNTIMAS DON JOSÉ ZORRILLA L fué quien inició la conversación. -Venga usted á lo que venga- -exclamó, -no sabe usted lo que le agra dezco su visita Nadie llama á mi puerta... Los viejos harto hapen con defenderse en sus trincheras del frío... Los jóvenes son ustedes muchos y necesitan todo su tiempo para luchar No galgo de casa, no voy á ningún lado... Mi mujer gravemente enferma Yo mismo no puedo ponerme elsombrero por los bultos de mi cráneo He pasado el Centenario sin que j o le diga siquiera á Colón ¡buenos días, homlire! Yo, que tanto quiero á losain feiricanos, no he conocido á ninguno Solo, no sé cuál de ellos, ¡Dios se lo pague! se encaramó un día á saludarme á las alturas de tíii tercer piso con entiesuelo y primero... Yo le dejaba hablar por el placer de oirle; fascinado por aquél relampagueo de palabras que brotaba de sus labios á borbotones- atropellándose, con la frescura y el vigorde la juventud, revelándome, detrás del enjuto rostro surcado de arrugas por la vejez, y á través de la nieve de los. años posada éíi sus caballerescos bigotes y perilla del siglo xvir, un espíritu flexible y cinir breante como un acero toledano, que, mientras la materia declinaba vencida y mustia, él se erguía brioso y entero, rebosando fuerza, acariciado aun por el aura de las ilusiones y dispuesto á realizar todavía, gracias á su tempte, la s. más famosas y sorprendentes hazañas. El ingreso en la familia de una hermana política suya, recién enviudada, con dos. hijas, ha hecho al gran poeta huir de su despacho de siempre y acomodarse en una pieza interior, pero clarísima por la altura del piso, á fin de acomodar con más holgura los queridos huéspedes. ¡Ya no me queda ni despachol, me dijo el bueno D. José riéndose como un chiquillo... La habitacioncita donde Zorrilla trabaja no es mayor, diciéndolo con la locución vulgar, que un pañuelo. Los trastos se pueden contar con los dedos Una mesa ministra con tiiitero de hierro repujado, digno de su dueño por lo artístico, verdadero hallazgo para mí, porqué todavía no me he topado en ninguna de las casas de hombres célebres á que he subido con un tintero que se aparte de lo vulgar; un armario con hojas de Cr stal para libros; otro de uso doméstico, al parecer ropero, de madera fina; un banquetón con dos almohadones dereps verde adosado al tabique.