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¡Señores, ya no hay remedio! ¡El curarla es imposible! -Ay, doltol, mi culaoión Imposible mepalece, Polque este es un mal que clece Y me oplime el colazónl- -En el corazón no hay nada, Dice el medico, después De auscultarla. -jAyl ¡Eso es Lo que más me desaglada! Para el mal que la acarrea La muerte- -decirlo siento, -Ya ningún medicamento Tiene la Farmacopea. CUENTO A mi excelente amigo D, José Carreña de la Cuadra. Una sensible jamona Que cumplió los treinta y uno Sin que se hubiera ninguno Prendado de su persona, Al ver pasar su existencia Sin poder cambiar de estado, Cayó enferma de cuidado Con una extraña dolencia. Que al viejo doctor apura Y hace que se desespere, Porque ve que se le muere Sin ¡río ni calentura. Crece, con furia alarmante, E l mal que á la pobre mina, Y el médico, que no atina. Le pregunta á cada instante: -Diga usted qué la molesta O el mal de qué la proviene. Se muere y me mortifica; Mas no hace en mi ciencia mella, Que el remedio para ella No se hallaba en la botica. Pasó un día y otro dia. La paciente se agravaba, La familia se angustiaba Y el doctor más se aturdía. Rendida en el lecho ya La infortunada jamona, A todos descorazona. Pues, sin remedio, ase va Ya, ni aun habla la infeliz. Ya su pulso se detiene. Ya hay quien observa que tiene Afilada la nariz. -jAyl ¡Que se muere, doctor! La familia á coro grita. Sálvela usted ¡Pobrecital ¡Usted es su salvador! Y el doctor, con voz terrible, Exclama ante aquel asedio: Ese mal, que no el doctor, El cura pudo curar; Bien se pudiera llamar La nostalgia del amor Y aunque hoy os parezca extraño, Eemedio hubiera tenido Á. haberle dado marido Hace lo menos un año. Agitóse la paciente Cuando el médico calló. Dio un fuerte suspiro, abrió Los ojos lánguidamente; Incorporóse en el lecho Y exclamó con alegría; -Pede que aJtola todavía M. 6 pudiela kacel plovecJio. FiSLiPE PEEEZ T GONZÁLEZ.