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V f D E S D E RUSIA jSaben ustedes lo que es una troiJía? Pues una troika, que en nuestro idioma equivale poco más ó menos i, la lolución trinidad, es un tiro de tres caballos: el de en medio, manso, pacífico j excelente trotador; los de los lados, jóvenes, retozones y adiestrados solamente para el galope. Estos últimos, forzados á poner sus movimientos en armonía con el paso del trotador, y dirigidos cada uno por una simple rienda, ábrense en forma de abanico, torciendo y encorvando gallardamente sus cuellos á derecha y á izquierda. Kl tiro resulta pintoresco, alegre y eminentemente característico. No hay en Rusia partida de campo, -ai, juerga, ni cacería, ni viaje largo (en defecto del ferrocarril) sin troika. Dada esta explicación, diré que, invitados á cazar osos en las cercanías de Moscou, salimos varios amigos en trineo- troika, con un frío regular, 25 bajo cero, bien que no del más extraordinario en esta tierra. El invierno tiene también su poesía y su encanto, i El invierno en Kusia! Ya estoy viendo á algunos de mis lectores encogerse de hombros, pensando tal vez que he perdido el seso ó que se me ha helado. Ciertamente, para los que no conocen del invierno mi s que el lado frío y las incomodidades, la lluvia y los baches, la mala disposición de las casas en los climas templados, los efluvios del brasero ó la medio e cacia de la chimenea, los vieatecilios traidores que os atísban á la salida del teatro ó al torcer de una esquina, la afirmación que antes senté es eL mayor de los desatinos; mas vosotros mismos, que teméis las pulmonías y los catarros crónicos, daos una vuelta por el Norte de Europa, y convendréis, sin duda, conmigo, en que vale más para Jos pulmones y para los bronquios xa sequedad del hielo, que la humedad de la llovizaa, y en que la llanura cubierta de nieve, sobre la cual el trineo se desliza con suave rapidez; los bosques de álamos blancos y de abetos, cuyas ramas parecen cristalizadas; el horizonte septentrional bajo y gris, en que) a acústica ofrece sonoridades extrañas y el espíritu se predispone á la concentración, constituyen un espectáculo lleno de calma y de grandeza. Pero ¿y el frío? He ahí vuestra preocupación: el frío se olvida, se combate, se conjura pues no se trata ahora, en resumidas cuentas, de cazar un resfriado, sino de cazar osos, entretenimiento mucho más original. Al cabo de hora y media de marcha á la mayor velocidad del trineo, llegamos á la aldea de Eostokino, situada en el bosque del propio nombre (del Imperial Patrimonio) y punto de la cita. E n el interior de una iaia nos aguardaba el hirviente samovar, y tomamos varios vasos de te, el brebaje nacional, que calienta á los rusos en invierno y los refresca en el estío, y no sin curiosidad hube de examinar el interior de esa morada de aldeano; tal es la izba, una casa construida con troncos de árboles colocados horizontalmente, entrecruzándose por sus extremidades en los cuatro ángulos del edificio, y calafateados con estopa, por manera que no es de admirar que al menor descuido ó imprevisión todo ello arda como una caja de cerillas. Nosotros hubiéramos ardido en un caso semejante, ó, mejor dicho, estallado, á juzgar por la cantidad de votlia (aguardiente de trigo) y otras bebidas fulminantes que llevábamos en el trineo de las provisiones, y que en breve tiempo fueron trasvasadas de las botellas á los estómagos de la mayoría de los cazadores. De allí debíamos salir para Mitischy, que dista 20 verstas, lugar donde iba á verificarse la batida. Antes deponernos en camino me rodeé de todas las precauciones reglamentarias, es á saber: medias de lana sobre medias de