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57 de atención que envolvería decir á la visita inesperada: dispense Vm. que le deje por ser mi hora de casino, de billar 6 de teatro, lo que es yo nunca he tenido reparo en manifestar que me esperan á comer, que voy á misa, ó que el tren donde marcho no aguarda á los viajeros que se retrasan. Nadie se ha mostrado quejoso al escuchar semejantes disculpas. El célebre y discretísimo Conde de Villacreces escribió en sus Indirectas Aforísticas que el faltar á una cita aceptada es un insulto, y el disculparse con un SE ME PASÓ, es un nuevo insulto, expresado en lenguaje de gente ordinaria. En España era tan vulgar y frecuente la falta de exactitud, que entre los méritos del rey Carlos I I I señalan sus biógrafos el de ser puntualísimo en sus citas y actos de corte. Juzgan aún de buen tono, algunos españoles, llegar á la mesa redonda del hotel á mitad de la comida, ó entrar en el teatro cuando empieza el acto segundo de la ópera ó comedia. Si esto se hace intencionadamente, nadie negará que es un huen tono de tontería de tomo y lomo. Opino que retardar la asistencia á un convite es no sólo desatender la bizarría del dueño de la casa y de los asistentes que nos esperan, sino que es también, como Vm. dice, una falta de atención imperdonable. Bien es verdad que ni Vm. ni yo ponemos nada de nuestra cosecha: nos conformamos con la sentencia axiomática del gran. BrillatSavarin. Kecuerde Vm. que en sus portentosos aforismos (xvi y xvii) base eterna de la gastronomía, consigna que la cualidad más necesaria en el invitado es la exactitud; y que esperar por largo tiempo al que se retrasa, demuestra tener poca consideración, á los que se hallan presentes. Mi regla, y con ella me ha ido á las mil maravillas, es llegar á la casa SEIS Ú OCHO MINUTOS antes de la hora marcada. Para estos casos sirven los relojes y los cálculos de las distancias. Los ingleses, que son tan prácticos en todaslas cosas de la vida, acostumbran poner en algunas de sus invitaciones que se comerá después de las sielei y antes de las siete y media. Con tan hermoso Uanco de veintinueve minutos, es casi imposible errar el tiro. ¡Bien por los ingleses! Con respecto á lo que Vm. indica, de que asistiendo á la hora en punto parece que se esquiva la conversación amable de los hombres, le diré á Vm. que los prólogos de las comidas suelen ser bienipre sosos, silenciosos y ceremoniosos. Recuerde Vm. los mejores discursos de Don Quijote: habló de la edad de oro, después que hubo bien satisfecho su estómago; de las armas y las letras, luego que cenó con mucho contento; de poesía, al disfrutar la comida limpia, abundante y sabrosa de D. Diego de Miranda; y hasta la célebre respuesta que dio al eclesiástico reprensor fué á los postres de la rica mesa de los Duques. Creo, por lo tanto, que la conversación y la parte espiritual de la comida no se halla al principio, sino al final del banquete. ¡El final del banquetelll Este si que es para mi problema irresoluble, y sobre el cual estimaría una sentencia dictada por Vm. Cuando asisto por vez primera á casa cuyas costumbres desconozco, y me pregunta el cochero la hora de volver me quedo siempre irresoluto y perplejo para contestar. La última vez que, en noviembre de 1892, estuve á comer en la morada á que Vm. alude, calle de las Fuentes, número 9, ó sea la de mi querido D. Luis Vidart, entré á las siete de la tarde y salí á las dos de la mafianaü! Y las horas se deslizaron como minutos, gracias á la finura y amenidad de los dueños y á que los convidados no eran ranas. Lo apacible de la noche y la buena situación de la casa me hicieron despedir el carruaje. ¿Quiere usted decirme qué hubiera sido del cochero y de las yeguas si les doy un plantón, en noche fría y lluviosa, desde las diez de la noche hasta las dos de la madrugada? Opinaba mi querido é inolvidable Miguel de los Santos Álvarez, al hablar de las conquistas amorosas, que el ingreso en ellas era lo más fácil y sencillo y la salida lo más difícil y escabroso del mundo No pretendo establecer símiles ni comparaciones: lo que hago es presentar á Vm. la interrogación siguiente: ¿A las cuantas horas de la entrada se debe citar al coche para la salida de un convite? Sospecho que en la respuesta debe haber mucho de distingo y mucho de según y conforme. Y como de la discusión (cuando no va enderezada á quedarse á obscuras) sale ¡a luz, en la bondadosa discreción de Vm. busca luces su atento amigo, q. 1. b. 1. m. Huerta de Cigarra; 15 de Enero de 1893 años.