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EN- H A S T A C I E R T O POR EL DOCTOR T H E B U S S E M -á- V Sr. Don C. Ossorio y Gallardo: EN MADRID: M I SEK OR Y DUEÑO E leído la carta con que Vm. me favorece, y en la cual me pide opinión sobre la hora á que debe asistirse á comer en la casa donde nos han invitado. Usted pregunta si debe ser antes de la hora, a l a hora, ó después de) a hora Toléreme Vm. que antes de contestar apunte algunas ligeras observaciones. Después del maravilloso organismo del Correo, que nos permite mandar cartas á Hungría, Sudán ó Inglaterra por un corto precio, is dos conquistas ó adelantos verdaderamente democráticos de nuestros tiempos (y ríase Vm. de sufragios y jurados) son los KELOJES á veinte pesetas y los TRANVÍAS á diez céntimos. La maza y la gola- -por ejemplo- -dejaron de ser arma y armadura para convertirse en insignias. Y en cambio los relojes, abandonando su oro, sus perlas, sus diamantes, sus cadenas, sus miniaturas y sus dobles cajas, y desdeñando sonatas, repeticiones y niñerías, vistieron primero de plata, luego de níquel, después de cobre y últimamente de hierro, y han pasado, de ser objetos de lujo y riqueza, á muebles vulgares de uso indispensable en la vida. Hace medio siglo que el sujeto que llegaba á nuestra morada en cairuajey con reloj, debía ser persona de cuenta. Hoy puede venir en tales condiciones el ordenanza de Telégrafos ó el mozo de Ferrocarril. Entiendo, pues, que ahora, y gracias á la educación que inculcan los caminos de hierro, el tiempo debe contarse, y efectivamente se cuenta, por minutos. Ya es mentiroso el refrán de que por oir misa y echar cebada no se pierde jornada: en la actualidad algunos la pierden por beber ó desbeber un vaso de agua. Creo también que más hace el anfitrión en convidar, que el invitado en asistir. La virtud de la puntualidad es una virtud casi tonta. Cuando menos (salvas contadas excepciones) hay seis ú ocho horas por delante para excusar la asistencia, ó para concurrir á la calle de tal, número tantos, á la hora que nos marcan. Claro es que del caso fortuito nadie responde, y que ni el muerto ni el estropeado deben asistir á la cita. Y si es notoria la falta