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55- -Muchas gracias- -contestó el forastero. -ViUachata se enaltece muy mucho con la visita de ustedes... -Cayos pies beso- -añadió el sindico. -Taníismas gracias- -replicó la esposa del forastero. -Y hemos acordado obsequiarles con un banquete municipal en la sala de sesiones del Ayuntamiento- -siguió diciendo el primer teniente alcalde. ¡Sentiríamos ser gravosos! -replicó el forastero. -Todo lo contrario- -dijo el síndico. -Ya teníamos noticia de la llegada de ustedes, y ayer supe por don Aquilino, el dueño de la fonda, que había venido un matrimonio de Madrid, y al momento supuse de quién se trataba; en fin, mañana á las siete cuenten ustedes con un banquete oficial. IV La mesa estaba muy bien servida. Los concejales habían facilitado, cada cual en la medida de sus fuerzas, toda la loza y los cubiertos necesarios. Una concejala quei había sido cocinera en Valladolid, era la encargada de hacer la comida, compuesta de pollos en pepitoria, y pollos asados, y pollos con guisantes. Había además merluza frita y sopa de almendra, y carnero mechado y arroz con leche: una comida de príncipes, como decía D. Demetrio con su acostumbrada ilustración. A las ocho en punto entró en la sala el matrimonio, vestido con lo mejor del baúl. Ella lucía una preciosa falda de glasé verde botella con pintas, y xmjichú de encaje; en la cabeza se había puesto un lazo color de rosa, sujeto con un alfiler de doubléñno, que figuraba una pandereta. Él ostentaba una excelente levita de paño negro y una corbata azul con rayas amarillas. -Señores- -dijo D. Demetrio al ver entrar al matrimonio: -Ha llegado el momento de que principie la fraternidad entre todos nosotros. A la mesa. Colocaron al forastero en el lugar preferente. Su esposa ocupó un puesto á la derecha del alcalde, y antes de que sirvieran el segundo plato, ya estaba D. Demetrio de pie con una copa de vino en la diestra, y la mirada fija en el espacio. -Señores y señoras- -dijo, este día no se borrará fácilmente de nuestra memoria. En nombre del Ayuntamiento saludo á una de las inteligencias más brillantes de la patria, al grande, al profundo, al elocuente orador D. Casimiro Présbita, que viene á honrar á ViUachata con su visita- ¿Cómo? -preguntó el forastero con sorpresa, interrumpiendo el discurso de D. Demetrio. -La modestia es una de las virtudes inherentes al genio. El Sr. Présbita permitirá que siga tributándole mis elogios- -Yo no me llamo Présbita- balbuceó el forastero. ¿No? -dijo el teniente alcalde con extrañeza. -Yo me llamo Felpudo. ¿No es usted el ifamoso poeta y orador elocuentísimo que tiene fama universal? -No, señor; yo lo que tengo es una tienda de loza en la calle de la Comadre. LUIS TABOADA.