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EL F O R A S T E R O El matrimonio llegó á Villaohata en el tren de las ocho, y se fué en derechura á la fonda, donde cenó con mucho apetito. Despue s la señora llamó aparte al camarero para decirle: -Joven, ¿cómo se llama usted? -Balbino. -Pues bien, Benino; debo advertir á usted que venimos de Madriz y estamos muy acostumbrados á comer bien, y no es porque yo lo diga, pero en Madriz nos conoce mucha gente. Por lo tanto, diga usted al dueño de la tonda que procure esmerarse. -Pierda usted cuidado. ¡Ah! Cuando nos sirva usted el chocolate por la mañana, no se olvide de traernos servilleta limpia. -Sí, señora. ¿Ko manda usted nada más? -Na más, Benino. El camarero comunicó á su amo las impresiones recibidas. -Deben ser personas muy principales- -dijo, -porque les gusta comer bien, y me han encargado que les lleve servilleta cuando les sirva el desayuno. -Sí; la gente de Madrid es muy delicada y habrá que darle buen chocolate. Anda, vete por media libra. ¿De cuánto? -De cinco reales. II Hombre más ilustrado que el primer teniente alcalde de Villachata, habrá pocos en el mundo. Puedo decirse que se pasaba el día leyendo, tanto, que estaba suscrito á La Correspondencia y al Tío Jindama; y además se? abía de memoria eL drama Flor de un día y una gran parte de los sonetos de Garulla; en fin, era un sabio. Y ana tarde dijo á sus compañeros de municipio: Señores: Villachata no debe quedar mal en cuestiones de cultura y de respeto á las personas ilustres de la nación. Acabo de leer en La Correspondencia que debe llegar á este pueblo, de un día á otro, el notable orador y poeta D Casimiro Présbita con su digna esposa, y estamos en el caso de obsequiarle. Conque, ustedes dirán si se les festeja con una serenata y un banquete. -Hombre- -dijo el alcalde, que era un pedazo de bruto, hay otras atinciones en el pueblo, y no está bien que se malgasten los fondos que tengo el honor de presidir. -Usted es persona de pocas luces- -replicó el hombre culto, -y el mismo caso hago de usted que si relinchase una bestia.