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Á OCHO DÍAS VISTA De cómo hay cosa más difícil que hincliar un perro. -Callos y mendigos. -La solemnidad de los pobres de ideas. La extinción dé la mendicidad y la Constitución española. -Bastilla de los mendigos- -La caza de los ilotas. -A la orden del dia. París moderno y Roma antigua. -Una caricaturado La Sílhouette. -Optimismos de Ano Nuevo. -La Chroníquñ Amusnnte. De Reinach á Blondín. -Ouesnay de Beaurepaire. -Mambrú se fué á la guerra. -Ultimas sentencias del proceso Panamá. La batida á los pordioseros no se hará esperar mucho. Si no lo hubiera dicho Cervantes, sería cosa de poner en Y este espectáculo, que alguien llamará t a caza de los duda la dificultad de hinchar un perro aquí donde los homilotas será un sport como otro cualquiera para los desbres se hinchan con tanta y tan portentosa facilidad; pero de todos modos, el perro souffléTi es cosa sencilla y de clavo ocupados y un servicio extraordinario para los guardias de seguridad. pasado si se le compara con la extirpación de la mendicidad, laudable y morrocotuda empresa que han emprendido ¡La caza de los ilotas! Bueno es que empecemos á imitar en Madrid vecinos y autoridades, unidos como un sólo homlas costumbres espartanas. bre ó como un sólo ángel exterminador. Siquiera rompamos el fuego, apropiándonos el único vicio de aquel pueblo, antes de hacer nuestras sus machas y Para extirpar la mendicidad se han inventado casi tanausteras virtudes. tos remedios como para extirpar los callos, y, sin embargo, mientras haya malos zapateros y caridad mal entendida, siempre andaremos por la calle temiendo pisotones y tro- -Lo del Panamá sigue á la orden del día- -podemos expezando mendigos de solemnidad. clamar, parodiando la frase que hace un siglo escribía en- ¿Por qué les llamarán de solemnidad -preguntaba alParís Barreré el revolucionario: guien en cierta ocasión. -El terror está á la orden del día. -Es muy sencillo- -le respondían, -porque habiendo una Y ciertamente yo no sé si es el terror lo que domina solemnidad cualquiera, allí está la famélica turba de siemahora en París ó es el desasosiego que producen los deletépre. Estrenos teatrales, sermones de Cuaresma, bailes blanreos miasmas despedidos por la famosa cuestión, qíue ya cos, negros ó azules, alternativas de novillero ó comienzos huele diría, si no hubiese empezado á oler debde un prinde season llevan á las puertas del teatro, del templo, del cipio. pa acio, del circo j del hipódromo la misma colección de Lo mismo puede compararse el París de ahora al París mendigos chicos, y grandes. de Eobespierre, que á la Boma de Auco Marcio; porque si, ¡Extirpar los callos! ¡Extirpar la mendicidad! ¡No es los miedosos piden un Directorio á voz en cuello, los apesnada lo del ojo de gallo! tados reclaman á gritos una Cloaca Máxima. En este, al parecer, sencillo problema va envuelta, si Con razón ha representado La Sühouette á M. Burgeois, bien se mira, una grave cuestión constitucional. el flamante Ministro de Justicia, metiendo en colada los Porque si el derecho de petición ertá sancionado en el Código fundamental, ¿cómo vamos á impedir que lo ejerzan mendigos y postulantes en todas las calles, plazas y plazuelas que tiene Madrid, como dicen los vendedores de calendarios? Claro es que la Constitución no debe rodar por el arroyo al alcance de la escoba de un barrendero; pero también es verdad que el mayor elogio de la Ley supradicha queda hecho al verla tan popular y callejera, como el mayor éxito de una partitura consiste en transcribirla para las murgas y los organillos. ¿Y la libertad? ¡Ahí es nada! ¿Para qué sirve la libertad, si al que nada tieae se le encierra en un asilo? Precisaniente el amor á la santa independencia es innato en el mendigo. Hay pobres que lo son porque jamás aguantaron coyundas, y que dejarían de serlo si consintieran en ponerse una librea. ¡Un asilo para los pobres! ¡Eso va á ser la Bastilla de los mendigos! Para ellos un asilo, por bueno que sea, siempre es una prisión; mientras que una esquina siempre es un reino, por poco que dé. El mendigo de pura raza, que prefiere el sucio hospedaje de un tugurio á la cómoda estancia en un asilo de noche, y come con más gana las revueltas sobras de un cocido familiar que el bien servido plato de una Tienda- Asilo, es libre como el aire, y podría responder á los fundadores del asilo futuro con los manoseados tercetos del clásico: Más precia el ruiseñor PU pobre nido De pluma y leveií pajas, más sos quejas En un rincón agreste y escondido, Que azradnr lisonjero las orejas De algún principe Insigne, aprisionado En el metal de las doradas rejas. chfque recibos. talones y demás justificantes de tanta y tan extendida inmoralidad.