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H í -y t- V f A TODA LUZ En la tierra no se agita la rama de un árbol; en el mar no se arruga una onda. Un sol abrasador deja caer su lluvia de fuego sobre la tranquila planicie del mar y sobre la enmarañada vegetación de la costa, y el intenso azul del agua y el verde intenso de los montes ribereños se unen por una sutil línea blanca de espuma. ¡Mar y tierra dormidos á toda luz, como dioses que descansan en la plenitud de su gloria, no como infelices mortales que huyen á ocultar su sueño inconstante entre la obscuridad y el misterio de los muros! P o r el mar no resbala una nave; pero, desierto, está lleno de la sensación de su grandeza; en la tierra no se mueve un ser ni cabecea un árbol; pero, solitaria é inmóvil salen de su seno de matrona vigorosos alientos de vida, y de este modo, el gigantesco Océano y la fecunda tierra duermen unidos por una línea de espuma bulliciosa y alegre como una línea de besos. El cielo derrama sobre ambos torrentes de luz, que quiebra y esparce en el aire sus fulgores, como puñado de trigo, que al salir de la mano del sembrador disemina y ensancha la riqueza de sus granos de oro, y el rayo que cae sobre la dormida superficie del agua y el que se esconde entre las quietas hojas de los árboles son lo mismo que siembra de luz, oro que brilla en el aire, vida que arraiga donde queda. Deslumbra la intensa claridad del cielo, impone la calma gigantesca del mar,