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¡LA GRAN NOCHE! Pues señor, no había más remedio que ofrecerse á velar al enfermo. Al fin y al cabo era mi jefe, y hubiera sido en mí desatención imperdonable despedirme de la jefa sin decirla, siquiera con la toca chiquita: Señora, ¿quiere nsted que me quede esta noche? Yo no contaba con que la buena mujer aceptaría mi ofrecimiento; pero me dio un si natural sonoro, rotundo, espampanante. Ó lo que es lo mismo: ¡me partió por el eje! Hube, pues, de quedarme, aunque dado á casi todos los demonios, entre otras cosas, porque el enfermo solía tratarme en la oficina no muy correctamente. El último día que despaché con él me tiró á la cabeza el tarro de los perdigones sin encomendarse á Dios ni al Ministro. ¿Y saben ustedes por qué? Porque en una nota puse hacienda con H, cosa que á él le atacaba á los nervios. Pues bien; repito que me resigné á pasar aquella noche cuidando á mi respetable D. Anastasio Cuadradillo, en compañía de un vecino svtyo muj gordo y muy comandante de carabineros. Una criada morena j nn gato rubio, inquieto y mayón (era el mes de Enero) completaban en casa de mi jefe el número de los veladores, es decir, de los que velábamos, pues la señora del enfermo se echó á dormir tranquilamente con el. socorrido pretexto de que su naturaleza se resiste á pasar malos ratos. EQ realidad el enfermo estaba gravísimo. Tres doctores le visitaban asiduamente; pero sus opiniones no coincidían, pues mientras el más viejo NOCHE DEL OÍA 13. aseguraba q u e d o n Anastasio era víctima PROGRAMA de un catarro á la laA las (2. -Quinina y agua de rosas. ringe, otro de los gaA la I. -Cataplasma de linaza y sanguilenos afirmaba que el juelas. Á la I y media. -Jarabe de peonía. enfermo padecía dolor A las 2. -Baüo de pies con mostaza y de ijada, y el otro, en vainilla. fin, que aquello eran Á las 3 y cuarto. -Renovación de compresas y mantas de algodón. viruelas locas. Á las 3 y media- -Lavativa corta. Pero las verdaderamente locas eran las personas que tenían Á fas 4. -Cantárida v chocolate. A las 4 y media. -Pildora y flor de malva. que auxiliar al pobre señor, pues cada médico seguía distinto A las 5- -Inyecciones hípodérmicas y plan y allí no se omitía la administración de medicamento almagnesia efervescente. guno por no desairar á los tres doctores. Así es que me quedé Á las 6. -Fricciones en las piernas con enjundia de gallina. asombrado cuando leí el plan manuscrito, que la señora, al reA las 7. -Un bifíec con patatas. tirarse, nos entregó álcómandante y á un servidor de ustedes. Á las 7 y media. -Belladona y antipirina. A las 8. -Aceite de hígado de bacalao; y El. papelito era una especie de programa de las fiestas del si el enfermo duer. tie tranquilo, duchas Centenario, como puede verse por la copia adjunta. de agua fría. Inútil es decir que ño había ocasión de descansar un mo-