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A OCHO DÍAS VISTA tí ó: Kiíís í 0i í i sf) s Bajo cero. -El tiempo y los rusos. -La huelga de rigor. ¿Qué es la glosopeda? -Matemos el gusanillo. -Las visceras del barón Reinach. ¡Á encasillarse! -Candidaturas dobles. -Alcaldes apurados. Los primeros fríos nos admiran y sorprenden siempre, como si no fuera cosa natural que en Enero baje el termómetro tanto como suele subir en Agosto, con no menor sorpresa de la humanidad, eternamente enojada y displicente. ¿Ha yisto usted qué frío hace? -oimos por ahi. -Ko, hijo, no veo nada; voy embozado hasta encima de los ojos. -Pues le advierto á usted que la columna termométrica ya no es columna ni cosa que se le parezca. Como el mercurio siga bajando... Ta lo creol Se van á arruinar todas las empresas de las minas de azogue. Los diarios dan cuenta de infinidad de desgracias y accidentes propios de la estación. Las fuentes públicas necesitan pediluvios de agua caliente; los agentes de la autoridad se pasan la noche conduciendo helados á la casa de Socorro y licores á la Prevención; los transeúntes resbalan en mitad de la calle, y se tuercen un pie ó se rompen una costilla falsa sobre el pavimento congelado. Aunque la salud es lo primero, hay muchos que en estas circunstancias quisieran caer enfermos de gravedad. Sólo por estar en la cama con calenturas. -iQué frío tiene usted el despacho, D, Fulano! -dice alguien entrando de visita. -Y, sin embargo, ya ve usted, la chimenea está cargada, los portiers corridos, los balcones cerrados herméticamente; lya no sé qué inventar para poner el termómetro más altol- -Es muy sencillo; clávelo usted un poco más arriba. Algún conservador está indignado, y atribuye á los disidentes el descenso de la temperatura. -No me negará nadie- -dice- -que este frió es propio de San Petersburgo; luego son los rvAsos quienes nos han traído el tiempo que hace. -Sí, señor, y El Tiempo que se publica. -jA quién le toca hoy holgar en Barcelona? -dijo el maestro de ceremonias mirando la gallofa del perfecto huelguista. Ah, sil- -respondióse encontrando el número de orden; -al gremio de abastecedores de carnes. Y el gremio, como un sólo hombre, se declaró en huelga para no interrumpir la serie de holganzas más ó menos generales que vienen lamentándose en CataluBa de tres años á esta parte. La cuestión de las subsistencias se pone cada vez peor. En Madrid anda el pan por las nubes; en Barcelona la vaca y la ternera han volado, y también deben de estar por los espacios celestes, quizá en el signo Taurvs del Zodiaco ó en alguna constelación destinada al ganado vacuno. En el Matadero no se sacrifican reses. E l único que se sacrifica es el parroquiano. Los carniceros ven limpias sus tablas, los carnívoros sienten debilitados sus estómagos; aquéllos tendrán que dedicarse á vender carne de membrillo; éstos serán, como siempre, la carne de cañón. Dios ponga paz entre los abastecedores y demás gente metida en carnes. Si por unos ó por otros tenemos que eliminar de nuestras comidas al tercer enemigo del alma, habremos de agarrarnos al extracto de carne de Liebig; y, francamente, las personas pacíficas no somos partidarias de la concentración de la carne, ni de la concentración de la Guardia civil.