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r El inglés respondió al ilustrado portero: -Jai desea visitar por dentro á este i. caballego por consultar biblioteca and manuscritas) de rellena. Parece imposible que sepan tanto varios individuos ignorantes de suyo y sin estudiarlo. Y no lo pueden remediar; les rebosan los conocimientos inútiles y útiles r si hasta en la conversación vulgar. ¿Cómo sigue usted, don Fulano? -preguntan ustedes á uno de esos instructivos y deleite sos. Cualquier hombre iiordmarioj) digámoslo asi, responderá: -Muy bien, gracias; ¿vusted? ¿y la esposa? -y demás pormenores vulgares. Él responde seguramente en este tono. ó en otro semejante: -Como dirían Voltaire y Jmií Jnseph Rínmaeau, voy tirando. ¿Eousseau era José? -observa cualquier estudiante modesto; -yo creí que era Jiiaii ilanuli Rimsseaii. -Speiicer aconseja al hombre que sea parco hasta en la couvert ación. i así sucesivamente. Los hay, en el ramo de sabios de la eamame, hasta para casa de la patrona ó para su propia casa, ¡Chica! ¡Chica! -llaman ala criada, -tráeme el chocolateceitung- -que dirían Bercelius ó Berges. í diiigiéndose á la patrona: ¿Usted no conocerá á Tourgheneff, ni á Tolstoy, ni á Ibsen, ni á Moyemige? -Xo, señor. í usted lampoco, ¿verdad? -replica un tanto picada la señora, que no es de huéspedes como ella anuncia. ¡Ah, doña Casilda! Como dirían Marx y? elden, ne badi- nez pas. ¡Word, Word, Wordl- ¡Jesú, hijo! es usté iguá que mi amiga y paisana Socorro porque es de mi misma provinsia, de Málaga, Estuvo en París en uno de aqueyos lestauranes con buyones, que disen que hay uno á cada paso, y almorsando pidió un día arcausüe lo cual que no era un ca r ¡cho imposible de realisar para un camarero; el hombre no la entendía, y dos cabaytro que estaban almoisanílo á, la par que eya en la mesa redonda, sortaron e- ¿De qué se ríen ustedes? -les preguntó mi paisana. -Pues de ná, hija- -la respondieron. ¿De los arcauHle quisa? -vorvió á preguntar eya. -No, señora; ¡si nosotros somos también españoles! pero, vamos, con franqueza, que no habíamos oido nombrar esa fruta ó ese bicho ó lo que sea. -lío ti en ustés malos bichos. ¿Españoles y no sabéis ustéa lo que son arcausüe Ni ustés seis españoles, ni sabéis lo que es vergüensa al burlarse de una señorita sola y emigra en tierra extraña. ¿Emigrada? -SI, que había ido á pagar un mes de veraneo en París. Pues ¿y cuando escriben los de Tlie líifum. Avwíií Hay una de nombres cada cuatro lineas, que marea. Wanbifzack, Stroffilogrhtauisky, Barbuchi, Navalkarnerobergh. Una dama tan conocida y bien estimada, así por su posición social como por su ingenio y nobles prendas, me decía, después de leer un trabajito de uno de esos de The Infundium: ¡Cuan felices serán las personas que no se marean ni en alta marl Yo, en cambio, no puedo leer cuatro lineas de uno de esos de The... etc. sin limón. EDXTABDO DE P A L A C I O