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THE INFUNDIUM Creerán ustedes que este es el titulo de una Casa de comidas ó Comedor público ó Restaurant económico que de cualquiera de las tres maneras puede denominarse á esos benéficos establecimientos para personas y familias medianamente amuebladas. El gusto moderno extravía aun á, las personas menos artísticas, infundiéndolas pensamientos de arte, aunque menor, é inspirándolas títulos al parecer inaplicales á la industria ó comercio á que se aplican. Tal vez supongan ustedes que Tke Infwndium es el lema de una sociedad de crédito agíícola, ó mercantil, ó industrial, ó protectora de alguien. (Este alguien suele ser la Junta directiva práctica, no la honorífica. The Infv nd, i wm, es un lema; pero de la clase de sabios apócrifos y pedantes naturales. Entendámonos: de esos sabios que ni saludan ni se lavan la cara por cuenta propia, sino con arreglo á lo dicho por unos ó por otros autores. Conductores de la sabiduría ajena, bien de viva voz, bien por escrito, pero generalmente de sabios extranjeros. Hasta aquí pudiera considerárseles como á seres insignificantes, tornavoces humanos, alambres conductores de la erudición y de los pensamientos de otros. Comisionistas del Larousse y de varias enciclopedias. Pero, entre los de la clase, viven ocultos, es decir, disfrazados de transmisores de buena fe ó de buena calidad, viles falsificadores. Sujetos que escasamente llegan á inquirir su propio nombre, y que llevan los de tantos genios y hombres ilustres como les han precedido, en una especie de índice, con las fechas más notables de la vida de cada cua, l, y materias en que se ocuparon durante su existencia. Y lo más grave es que, á, falta de autores y de sabios auténticos, los inventan. Esto, como ustedes entenderán, es una especie de timo en las repúblicas (y aun en las monarquías) muy perjudicial para la juventud estudiosa que lee tales infundios. Los de Í 7 te ídem, á falta de ideas propias que difundir, acuden á citas, como inquilinos de pronóstico reserv? do, llamados por el casero para normalizar la falta de pago. Hombres, al parecer, de bien, que pudieran apUcar sus aptitudes, por ejemplo, como cicerones para viajeros, en lugares donde hay algo que ver y que admirar. Varones que no tendrían precio como fonógrafos naturales en oficinas de Estadística ó en archivos y bibliotecas públicas, en sustitución de los índices y registros necesarios en tales establecimientos. Así, en lugar de molestarse buscando autores de consulta y repasando manuscritos, interrogarían las gentes á esas esfinges del género Offenbach Les oyen ustedes hablar, y les admira aquel torrente de palabras y de nombres propios, particularmente extranjeros, vengan ó no á cuento. Oyendo á uno de esos fonógrafos, que es como oir á otro y como oir á todos, en uno de nuestros centros de instrucción y amenidades, un extranjero auténtico y persona de verdadera instrucción, se aproximó á uno de los porteros y le dijo: -Mi, señor, qaerer billete. ¿Billete? -preguntó con estrañeza elportero. Y ¿para qué, miZorá? Esto de milord lo dijo para que no creyese el inglés que carecía de cultura un dependiente de aquel centro. Y, por otra parte, porque había oído á un hombre eminente llamar milord á un perro que tenía de casta inglesa. Así como citaba en ocasiones, también de oídas M Paraíso perdido de Milord, y Za Comedia de Pina, y del Dante. BALANZA A U T O M Á T I C A POR ROJAS