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23 el balcón del Monarca; otro en la puerta de la iglesia de Santa María de la Almudena, y el otro en la puerta de Guadalajara. A las tres de la tarde concurrieron y se congregaron en la posada del Conde de Campomanes los alcaldes y escríbanos de Cámara, y desde ella salieron á caballo con el, siguiente orden: Timbales y clarines, doce alguaciles de corte, escribanos de Cámara, reyes de armas y señores alcaldes de casa y corte del Eey. En esta disposición se encaminaron á la plazuela del Eeal Palacio, y luego que llegaron se apearon los alcaldes, escribanos de Cámara y reyes de armas, y todos subieron al tablado, menos los alguaciles, clarineros y timbaleros, que se mantuvieron á caballo. Las cuatro esquinas del tablado las ocuparon los cuatro reyes de armas; los seis alcaldes se colocaron en fila de fachada, y á los lados los dos escribanos de Cámara, ocupando la derecha el de Gobierno, por lo perteneciente á Castilla, y la izquierda el de Aragón. Todos permanecieron muy graves durante la ceremonia. El escribano de Camarade Gobierno del Consejo de Castilla entregó al rey de armas más antiguo el Decreto del Rey que se había de publicar. Hizole una cortesía, á la que correspondió el rey de armas. Besó el Decreto, y saludando después á los alcaldes, dijo en alta voz: ¡Silencio! Oid, oid, oid lo que manda Su Majestad se publique y prosiguió leyendo todos los capítulos comprendidos en el Real Decreto; cuando se nombraba á Dios y al Rey todos se inclinaban. Terminada la lectura del Decreto, el rey de armas volvió á saludar á los alcaldes, á cuya cortesía correspondieron; entregó el Decreto, y todos volvieron á montar á caballo. A compás de timbales y clarines se encaminó la comitiva á Santa María de la Almudena y puerta de Guadalajara, donde también se hizo la publicación con las mismas formalidades é iguales ceremonias. Concluidos estos actos, cada cual se dirigió á su casa. El escribano de Cámara de Gobierno del Consejo de Castilla guardó el Decreto del Rey para poner su certificación, que firmó después el escribano de Gobierno, por lo que decía relación con la Corona de Aragón. De todo esto se dio cuenta al Conde de Campomanes, el cual pasó después á Palacio y participó lo ocurrido en la ceremonia á S. M. el rey Carlos I I I Aquella noche hubo luminarias, corros danzantes en las puertas de las casas de los barrios bajos, hasta que sonaron las diez y salieron las rondas de alguaciles con sus linternas para vigilar el sosiego de la villa y corte de Madrid. ILDBFOJTSO A. B E R M E J O Este articulo, y otro que publicaremos en breve, son los últimos trabajos que para BLANCO T NEaHO hizo, pocos diag antea de su muerte, nuestro ÍEolvidable colaborador.