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NOVELAS RELÁMPAGOS SIN N A C I M I E N T O I -Mira, como no seas bueno y no tomes la medicina, me llevo los j u g u e tes y no te dejo estar sentado en la cama- ¡Ay, mamitaj si sabe á demoniosl -Pues no hay otro remedio Encima te daré un terroncito de azúcar p a r a Gue se te quite el mal gusto ¡Ea! Cuando quieras pensarlo te has tragado la cucharada- ¿Y me permitirás entonces tocar un poquito el tamDor? -H a s t a que no te levantes no es posible Pero te traeré el Nacimiento y formarás las figuras ¿De veras? ¿No me engañas? -No te engaño Por supuesto, con la condición de que no rechaces el jarabe- -Bien, dámelo ¡Uf! ¡Qué asco! Ahora el peñasco, ¿eh? -S í hombre, sí- -Colócalo aquí, recostado en la pared Ajajá Dime, m a m á el cristal del rio, ¿es como el de los balcones? -Igual- ¿Y cómo hacen la nieve de las montañas? -Con pintura blanca, preguntón- -O y e la muía y el buey no caben dentro del portal- -Pues ponlos fuera- -T ú te encargas de los rebaños mientras yo arreglo los reyes ¡Otra! Pues en el rastrillo de la ciudad deberla de haber u n centinela Mamá, ¿no me has comprado ningún soldado? -Entonces entraba en las poblaciones todo el que le venia en gana- -jCa! En tiempo de los filisteos no sucedía eso Consúltaselo al profesor Las lavanderas L a vieja que hila ¡Anda! ¡Un pastor sin cabeza! El molinero- -Eduardito El médico te ha recomendado que no hables, y no cesas de charlar ¡Adelante! ¿Quién es, Petra? -E l lacayito de la señora magistrada, que trae u n a carta m u y urgente -Pues dile que pase II- ¿Qué ocurre, Lucas? ¿Hay alguna novedad? -L a señora, que está con el ataque nervioso Creo que para eso la escribe- ¿A v e r á ver? ¡Justo! M e pide copia de la receta que la dije En un instante se la saco L a tengo aquí en mi secretaire- -M a m i t a no te vayas ¡Si no me voy, vida! Desde la cama puedes distinguirme E n u n periquete extiendo la receta- ¿Y para quién es? -P a r a la pobrecita doña Micaela, que tanto te quiere y que se halla medio loca con sus dolores neurálgicos- ¿Y se le aliviarán con lo que tú la mandes? -Supongo que sí ¡Ea, tápate bien! La puerta queda abierta Yo no me alejo del gabinete y M i i i L f m ¿Qué m i r a s Lucas? ¿Te gusta el Nacimiento? ¡Oh, señorito! ¡Sí que me gusta! ¡Es precioso! -Dime, ¿es más grande el tuyo? ¿El mío? -El tuyo Parece que h e dicho algún disparate H a s puesto u n a cara t a n extraña- ¡Es que yo no tengo Nacimiento, señorito E d u a r d o! ¡Cómo! Pero ¿es posible? Yo creí que en u n día como hoy no habría n i n g ú n niño sin su peñasco- -El señorito olvida que yo soy u n pobre hospiciano que se pasa la vida sirviendo- -P e r o eso no está bien ¿Qué hace tu ángel? ¡Mi ángel! -S í mamá dice que todos tenemos un ángel invisible que vela por nosotros Pues lo que es el tuyo no se porta m u y bien Oye... ¿se forman asi los reyes? J v -N o señor, Cada camello debe de marchar detrás de su amo