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toda mujer incauta que encuentra en su camino. E n suma, y para no cansar, no hay día en que yo coma á mi gusto, y muchas Teces me veo en la necesidad de echarme á la calle y meterme en el rincón más obscuro de un cafó y tomar allí uno con media tostada, y ya me ha sucedido que el camarero, viendo que caían lágrimas de mis ojos sobre la rancia manteca del pedazo de tostada que me llevaba á la boca, me ha dicho con mal modo: Oiga usted, si piensa usted matarse en comiéndose la tostada, dígamelo con franqueza, para llamar á la pareja, que el otro día, ahí donde está usted, se mató un sujeto, que también estuvo un ratito llorando, al mismo tiempo que se comía un bollo, y el amo no quiere compromisos. Por esta vergüenza tiene que pasar un padre amantisimo. La noche es para descansar, ¿verdad? Pues en mi casa no es asi; la noche en mi casa es para bailar, para jugar á juegos de prendas, para cantar á lo flamenco, ó por lo fino, que es peor, y para que yo padezca bajo el poder de las tres clases de vapor que tengo en mi compañía. Alguna vez que he querido apuntar una prudente observación acerca del desordenado afán de recibir en casa la gente más cursi de la cristiandad, mis hijas se las han. sublevado, afrentándome con la calificación de tirano y de obscurantista. Militares y hijas de la viuda de arriba, los huéspedes de enfrente, la alumna del Conservatorio, sobrina del flautista de abajo; las dos hermanas jamonas del tercero, que tienen un señor mayor que les paga la casa; un curial, que canta de barítono de afición; un cesante de Hacienda que canta de tenor opaco, y una hija del curial que canta de tiple de fogata, ó qué sé yo cómo se dice, vociferan todas las óperas con acompañamiento de acordeón, que lo toca un maestro de primeras letras, y me hacen odiar el divino arte de la música. Yo, en estas reuniones, hago el más triste papel que puede imaginarse; nadie me hace caso, y una noche un joven de caballería preguntó á mi hija mayor: ¿Quién es ese fenómeno? Yo era el fenómeno. Mi hija lo contó luego, celebrando el chiste. Para evitar estos incidentes, me retiro á mi cuarto, donde rezo mis cortas oraciones, y cuento mis cuitas á mi mujer, que esté en gloria, para que sepa cómo me ha dejado en este mundo, y me acuesto y no duermo hasta que, ya cerca del amanecer, cesa el ruido de la tertulia y me rinde la fatiga. Omito hablar de lo que me gastan mis hijas: me gastan todo lo que tengo y algo más, porque siempre estoy en deuda con el habilitado Alguna vez leo en La Correspondencia las noticias de los movimientos y exigencias de las tres clases de vapor, y pienso que si yo no tuviera más trabajo que gobernar y reducir á esos importantes elementos de la fabricación catalana, poco trabajo me costaria lo que parece tan difícil empresa. Las tres clases de vapor irreducibles é indomables son, en puridad, las tres hijas que he tenido en mi matrimonio con mi malograda Engracia, que de Dios goce, y que era la mujer más tranquila, más insípida, más sosa y más simple que vino al mundo. ¿Cómo de una mujer tan pava como aquélla. Dios la haya perdonado, y de un hombre tan infeliz como yo, han podido nacer esas tres clases de vapor? ¡Misterios son éstos de la naturaleza que no es dado profundizar á un humilde subordinado de mi digno jefe, el respetable señor Gamazo! CARLOS FEONTAÜRA.