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LAS TRES CLASES DE VAPOR o crean ustedes que sólo en Barcelona y su término existen estas renombradas clases de vapor que tanto se agitan y suelen producir algún que otro disgusto á los gobernadores y á los fabricantes. Yo creía eso también, que solamente allí se disfrutaban las ventajas que proporcionan esas sonadas clases; pero me ha sacado de mi error D. Jesús de la Gazuza, empleado en Hacienda con 5.000 pesetas, que en el presente momento histórico está el pobre temblando ser una de las víctimas del furor de economías que se lia apoderado de nuestros legisladores. Mucho lo sentiría yo, no sólo por el debido amor al prójimo y porque para éste no quiero lo que no quiero para mí mismo, sino porque el triste D. Jesús, sobre ser un empleado benemérito, de los que no se prestan á chanchullos, ni faltan á la oficina, ni dejan dormir los expedientes, ni posee otros bienes en la tierra que su empleo, tiene que mantener y sufrir en su casa, según él mismo dice, las tres clases de vapor. Lean ustedes cómo se explica el estimable D. Jesús: -Me río yo, dice, de las dificultades y conflictos que á lo mejor encuentra la autoridad en Barcelona por efecto de las discusiones, determinaciones, manifestaciones é imposiciones de las tres clases de vapor. En mi lugar habían de verse el gobernador y el capitán general, y seguro estoy de que ni sabrían qué hacer, ni se verían libres de fuertes dolores de cabeza, ni tendrían la paciencia que yo tengo, ni hallarían manera de resolver el conflicto de todos los días en que yo me veo. Que no me hablen de la trascendencia de la actitud de las tres clases de vapor Yo no tengo el gusto de conocer esas clases, que deben ser de lo más zaragatero que se ha visto en el mundo; pero conozco las que tengo en casa, y esas sí que son clases de vapor. Son tres hijas solteras que Dios me ha dado, y así me salve su Divina Majestad como ya no puedo con ellas, y más fácilmente me las habría yo solo con las tres clases de vapor de Barcelona, aunque fuera á brazo partido, que con esas niñas de mis ojos, que han de acabar conmigo si Dios no lo remedia. Se asusta mucho la gente porque se declaran en huelga alguna vez las tres clases de vapor. Las de mi casa están en huelga constantemente. La mayor parte de los días no tengo quien me haga el chocolate por la mañana; la criada ha salido con recados de las tres clases de vapor, y á las diez no ha vuelto; la primera de aquéllas está mala; la segunda duerme profundamente, porque se acostó tarde, como que estuvo leyendo una novela de Zola que le prestó el vecino, y la tercera no sabe hacer chocolate. Tomo en crudo la triste onza del de peseta de la Colonial y un vaso de agua, y á la oficina. Terminadas las seis horas de trabajo burocrático, vuelvo á casa con buenas ganas de comer, que, á pesar de la arrastrada vida que paso, no pierdo el apetito; pero no hay ejemplo de que yo coma con aquella tranquilidad y aquel gusto con que debe de comer quien paga puntualmente lo que come. Siempre ha ocurrido algo mientras estuve en la oficina, algo que ha impedido la indispensable preparación de la comida. Ó la criada riñó con mis hijas, y se ha ido á la calle, después de ponerlas de oro y azul, y de tirar á la cara á la mayor el tocino, habiendo armado un escándalo fenomenal, que me cuentan con todos sus detalles, ó han sido ellas tres las que han reñido, y me las encuentro sofocadas, mirándose con enojo, amenazándose, la mayor roja de ira, la mediana pajiza de cólera, y la menor verde de rabia, y en cuanto nos ponemos á comer reprodúcese la disputa, y la mayor estalla, y la segunda salta, y la tercera revienta, y me quedo sin comer, porque no tendría yo sangre paternal en las venas si pudiera presenciar con estoica indiferencia el lamentable espectáculo de las tres clases de vapor en violentísima ebullición; ó no puedo comer porque la sopa está ahumada, y los fideos hechos engrudo, y los garbanzos duros como balines, y la carne no se cortaría con una sierra, como que la criada, en vez de cuidar el puchero, estuvo en la calle ejerciendo de espía para enterarse de qué rumbo tomaba en saliendo de guardia del cuartel un teniente primero que ha dado palabra de casamiento á mi chica mediana, y probablemente se la tiene dada á otras, y por lo visto se la da á