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BLANCO Y NEGRO 813 Esas y otras cosas dicen de él las gentes del oficio: CuaQto al gran público, ése acepta incoadicionalmente el trabajo de Mesejo, y se chupa los dedos con todas esas cosan i xe Wanxa. A i atos e pequeño 2) úbUeo. De ahí que, como queda dicho, este actor esté siempre contratado y haya recorrido con éxito casi todos los escenarios de Madrid y provincias. Algunos de los autores que más hablan de los defectos án este actor, le confían- SÍn embaígo, sus obras, y le consideran, Ze 7? í ¿í detono, elemento de éxito y de defensa. E n este caso concreto, ¿tiene ra ón el; ¿m í) áJZ- íco. iLa tiene el 2 í; a i Difícil es contestar categóricamente á esas preguntas. Casi pudiera decirse- aunque parezca paradoja- que las dos entidades tienen razón. Hale tocado en suerte á Pepe Slesejo actuar en algunos teatros de poco fuste y de mala reputación en lo cuales el trabajo verdaderamente artístico y literario no ha sido nunca viable, y hase visto obligado, como lógica consecuencia, á estrenar y representar á diario las únicas obras posibles en tales sitios. Recuerdo, entre otras muchas, una piececita, ó cosa así, en la cual ha hecho Mesejo un personaje totalmente imposible: un hombre, hecho y derecho, que cree que su padre le envía una nodriza para que le lacte En eso estriba todo el enredo y toda la gracia de la obrilla. Dígame el lector imparcial si hay forma en ló humano de dar á ese personaje el menor tinte de realidad, ni el más leve vislumbre artístico. De esos papeles- -monstruosidades y aberraciones- -ha hecho Mesejo muchos, muchísimos, y ¡es clarol el que no le ha visto hacer otra cosa, ha dicho con razón: -E s o es un actor de brocha gorda, basto, ordijtario meso es arte, ni Cristo que lo fundó. Perfectamente dicho. Pero, ¿se ha podido decir eso inismo, Gonfundamento, viéndole representar obras literarias, artísticas y bellas? Esa es la clave del problema. Yo he conocido á Mesejo actuando de primer actor cómico con D. José Valero, y puedo asegurar, bajo la fe. de mi honrada palabra, que entonces no era basto ni ordinario, ni tenía ninguno de los defectos que después le ha encontrado el pequeño público. Llenaba su puesto admirablemente, con aplauso del público y aprobación completa de aquel insigne actor, brillante y legítima gloria de la escena española. No hace mucho tiempo fué contratado Mesejo en el teatro Lara, y allí hÍ 7 ó uní buena temporada, contenido en los límites justos, con la Valverde, Romea, Arana y otros actores delabuepa escuela, sin, que su trabajo fuese nota disonante dentro de aquel marco. jQué prueba esto? Que Mesejo conoce al público- -en sus diversas manifestaciones- -y se acomoda perfectamente al marco donde se exibe y á, la, índole de las obras que representa. Él puede decir, paroiliando la frase del Tenorio: i De mis pasos en las tablas es decir, de mis malos pasos, respondan ciertos autores, en primer término, y luego los públicos que se han tragado aquellas cosas; yo, no. V tendrá muchísima razón para decir eso. Yo le tengo por buen actor y buena persona aunque sobre este último punto hay tamb én opiniones. Opiniones que en nada le ofenden, desde luego, y de las cuales ni remotamente me haría yo eco si pudieran molestarle en lo más minii o. Cuentan los que creen conocerle á fondo, (ue, según la frase vulgar, tiene más debajo que encima y que, en esa lucha constante de los bastidores navega en las cuatro talilas del escenario con la misma seguridad que el más experto piloto en aquellos mares más conocidos y bonancibles. í o procura hacer daño á nadie, mientras no se lo quieran causar á él: en este último caso- -dicen los que sé precian de conocsrle- -es generoso hasta el extremo de devolver ciento por uno, y hábil hasta el punto de no marrar un solo golpe Dios le conserve esa vista y esa seguridad. Conocí á Mesejo de un modo originalísimo. Hace muchos años (no quiero, decir cuántos, por él y por m i) iba yo una noche hacia la Redacción de La Igualdad, situada en la calle de San Mateo, núm. 6, y, antojándoseme que era muy temprano para encontrar á Andrés en la Kedacción, entré en un café de la calle de Santa Bárbara, con el único propósito de hacer tiempo. En aquel café- -llamado d e Zo. s jirtisícs- -había un teatiillo Principiaba á sihorear una cosa indefinible que me habían servido, cuando se descorrió la cortina, y... -I Demontre I Yo conozco eso- -dije al escuchar los primeros versos, quedándome con la taza suspendida en el aire, cerca de los labios. I Vaya si Zfl conoclal Era un drama en un acto estrenado en una capital de provincia como primera producción de un joven de la localidad Tuve valor para presenciar toda la representación. Mesejo, ese actor cómico de tanta gracia, hacía en el drama á que me refiero (y que desearía olvidar) un galán amoroso y revolucionario, dramático y sentimental; tan dramático, que iba á las barricadas á que le pegasen un tiro, sólo para volver la escena y morir allí, á fuerza de ripios y de puntos suspensivos. Entré á darle la enhorabuena, y de entonces data nuestro conocimiento. Si yo fuera supersticioso, creerla que mi amistad con Mesejo no puede parar en bien, habiendo tenido aquel principio. CORCHOLIS. i Kn la zarzuela El MonUguiUo.