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BLANOÜ Y iSílfiGBO 811 Con tal de enseñar pronto un boa de metro y medio, y poder enseñarlo con vestido de invierno y de verano aunque sea en medio de la Canícula, todo lo demás no importa. Y si la virgen loca se ahoga, á nadie le interesa evitarlo más que al despótico tirano que impone desde el ííeva, á nuestras mujeres, esa excentricidad. JÉl boa impera. El actual momento psicológico pertenece á los eZazVés confeccionadores de monstruos de pega, que no comen y en cambio atusan la epidermis de las mujeres con su finísima piel. Las damas pretenden que el boa las hace servicios inapreciables preservándolas de los cambios de temperatura desde una habitación á otra, sobre todo durante las grandes comidas, en que las entradas y salidas de los criados originan corrientes de aire. Añaden que en visita pueden mostrarse más fácilmente en cuerpo y ondular el talle. Además dicen que el boa viste, y con esto está dicho todo y hay qué darse por convencidos. Hay boas blancos de purísimo armiño, griseg leonados, negros, de piel de gato montes, de zorra rusa, de nutria, de conejo, de antílope, de oso polar, de marta, de castor, y de rata de cuartel que es la que tiene mejor pelo. Los hay sentimentales, de una sola vuelta; simbólicos y emblemáticos de varios colores, como el constrictor, el lausa, el malava y el musi, que alcanzan sesenta pies de longitud y una boca ensanchable por donde puede entrar un novio de ¡anee, con botis y espuelas. Estos boas son peligrosos en manos de doncellas sin acomodar, porque puede hacerse con ellos el lazo corredizo (fácilmente convertible en nudo gordiano) con el que es sabido se cazan en América caballos y toros salvajes. También se cazan hombres cuando hay interés en cogerlos, y esto precisatfiente es lo que hay que evitar en Europa, porque bastantes piezas mayores saben cobrar las hembras sin los anillos de la serpiente. Yo me he preguntado el secreto de esa afición desmedida por los boas, que á modo de epidemia se ha desarrollado entre las mujeres de Madrid, y me he contestado que: el boa es una culebra grande con cascabeles; que á contar de la serpiente del Paraíso que sedujo á Adán, todas las mujeres tienen algo de la culebra bíblica, algo de la serpiente paradisíaca, cuya sangre se mezcló, en pequeñas gotas, á la sangre pura de la raza femenina, para darla vigor y nervios. Por eso sin duda el boa es considerado como de casa, y se visten con él nuestras mujeres, no para abrigarse, sino para lucir la prenda con calor ó con frío, como cuadre mejor. ENRIQUE SEPÚLVEDA. NOTAS L A F Ó R M U L A CONSABIDA CÓMICAS POR F E L I P E P É R E Z Y RAMÓN CILLA Román, los nnestros subieron, Y es de siiponeT, Román, Q; ie desempeñes un tái o 1 mportantft en Ultramar, O que en Madrid desempeñes. Pues de fijo te la dan, Una subsecretaría O Direcei. Sn general. -Mira, Jnana, por de pronto. Lo que he de desempeñar Es el gabán, qae hace frío, Y no voy bien sin gabán. ¿Oonque han subido loa suyos? -Ó- racias á Dios, es verdad. -Yo, al momento qne lo supe, Me diÍe: Pues ya vendrá Don Homán, porque de fijo El Irá. á desempeñar Ahora algún cdestino gordo Y como es lo natural, Necesita lo primero cDesempefiar el gabán. -A. eso vengo justamente. -Poes buena suerte, y ahí va. -Cabayero, nstez perdone, Pero me llevo el gabán. Ya está usado; conque asi Se compra usté otro, y en paz. -Vcfugo de desempeñarlo. ¿De verás? Pues costará Que he quedado sastifecho Del celo y atividaz Con que lo ha desempeñado... -T no me podré enfadar, ae siquiera me lo quita sQxi. la cfórmula oñoial