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BLANCO- -Vamos á ver si le gusta que le rasquen la espalda- -dice el vecino, metiéndole los dedos entre la camisilla y la carne. -jGua gua gual- ¡Nadal No le gusta... A ver; traiga usted una copa y un cuchillo. ¿Lo va usted á matar? -No, señor; voy á entretenerle. El padre fué á buscar ambos objetos á la cocina, y entretanto el vecino cogió al chiquitín y le quitó la gorra, para ver si rascándole la cabecita dejaba de llorar. ¡Que si quieres! El muchacho seguía dando muestras de la mayor desesperación, y entonces el vecino se puso á dar golpes en la copa con el ¡uchillo, mientras el padre cantaba: A lalimón, á lalimón, Que se hau roto las fuentes Y NEGRO 809 Y después de muchas vueltas y muchos apuros, el vecino de arriba consiguió desenvolver á la criatura. Pero no bastaban cantos, ni cuchillos, ni caricias, ni reconvenciones. La criatura se retorcía entre agudos chillidos, y ambos padres, el de arriba y el de abajo, decidieron desnudar á la criatura. -Cójalo usted por la cabeza mientras yo le quito la faja- -dijo el padre del piso cuarto. -Deje usted que me siente. -Estire usted las piernas y coloque usted al chico al sesgo para que yo pueda desliarle. ¿Está bien así? Perfectamente. Sujétele usted la cabecita para que no se tronche. Entonces ambos padres lanzaron un grito de asombro. Entre el pañal y la barriguita aparecieron, incrustados en la carne, los anteojos del papá. Luis TABOADA. EL DICHO Y EL HECHO Aunque ignoro onn qué fin, Y no sé en que población, Sé que hubo en cierta ocasión, Y ea cierto pueblo, un motín. Iba la masa inconsciente Gritando á mas no poder, Satisfecha al parecer, Observando que la gente, Al ver la crecíHa horda, La dejaba ir al acaso, Como se le deja el paso A lio que se desborda. Mas que con razón, con saña, Se gritaba: ¡Viva! ¡Mueral Y llevaban, por bandera, TJn pañuelo en una caña. Casi en su totalidad Esta masa componía La inmensa granujería De la peor sociedad; Que el pueblo, fuerte y severo. No vocea; se agiganta. Y si una vez se levanta. Se levanta todo entero. Mas de esta innoble pandilla Iba al frente un zagalón, Alzando, como bastón, ü n pájaro en su varilla. Era el que gritaba más. Era el jefe; él era, en fin, La cabeza del motín; Y las patas los demás. Maera la opresiónlr- decla, La libertad proclamamos 1 Viva! Por ella luchamos. ¡Abajo la tiranía I Y el pájaro sin piedad Por él cautivado, exclama: -Pues empieza tu programa Poniéndome en libertad. JOSÉ CAKLQ 3 BKUNA.