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BLANCO Y NEGRO 789 I Anda! ¡Pues el ama se dispone á salir! Se ha echado sobre los hombros el capotillo de paño, mete los pies en las almadreñas, y empuña el paraguas ¡No le teme al nublado! ¡Pobre ancianita! De seguro irá á hacer la piadosa visita á su riejo 1 Otra abandonada! III p- ¡M i s hojas verdes, mis frutos dulces, mis pompas de verano! ¡Nada, no me queda nada de mis pasados esplendores! Primero los chicos me arrancaron furtivamente los mejores higos; después me picaron los pájaros, tan ladrones como los muchachos; luego me pelaron mis dueños; y para fin de fiesta, el vendaval me ha dejado sin hojas. Yo ya soy vieja, doy poco de mí, y debieran respetarme y plantar en el corral otra compañera que compartiese conmigo las soledades del invierno Es lo que peor soporto: mi aislamiento Los frutales de los huertos se comunican sus pesares, se ven, se hablan, aguantan juntos las bofetadas de las ventiscas, se abrazan para soportar los zarpazos del viento; pero yo, sola, en este corral, en perpetua lucha con el huracán y con el aire, no tengo á quie n volver los ojos y perezco en el olvido ¡Si al menos pudiera colarme en la cocina por esa ventana tan simpática! ¡Ahí adentro debe hacer nn magnifico calor, y yo me siento entumecida y helada por la humedad! No alcanzo; mis brazos no llegan á la reja Hay que sucumbir... ¡Qué suerte tiene esa machucha de golondrina que se ha quedado en la granja á invernar! ¡Con un buen fuego reiríame yo de turbonadas y de cierzos! IV WwiJTS -Pues sí, golondrina. ¡La pena me consume! Me veo sola, aislada, triste, desnuda, sin mi follaje verde, sin otro árbol en quien verter mi nostalgia... -Igual me acontece á mí, higuera. Ya tú sabes lo que nosotras adoramos Ja compañía ¡Mis hermanas se han ido, nie han abandonado, dejándome también sola! -No hay desgracia como la nuestra- -No lá hay... -No tenéis que buscar mucho para encontrarla- ¡El ama! ¡La granjera! -Las tres hemos envejecido juntas, pero vuestra vejez no e. comparable á la mía. A las dos os llegará otra vez vuestra primavera, la época de la vuelta de las camaradas, de las hojas nacientes y de los frutos nuevos; pero á mi me ha arrebatado la muerte á mi marido, el báculo de roi ancianidad, condenándome á un invierno perpetuo ALFONSO P E E E Z N I E V A