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778 BLANCO Y NEGRO -De una segunda dama á quien conocí en el teatro del Principe hace treinta años. ¡Qué mujerl Se enamoró de mí como una bruta, y de la noche á la mañana la dejé compuesta y sin novio. Ella que era terrible, me esperó una noche en la calle, y antes de que tuviese tiempo de defenderme, ya me había roto en la cabeza un frasco de antihistérica que llevaba siempre en el bolsillo por si le fiu daba la convulsión. Entre el sereno y una portera me llevaron á mi casa, y al día siguiente. Crispula me escribía diciendo: Salgo para América con una contrata excelente. A mi regreso me propongo buscarte para que cumplas tu palabra: ó te casas conmigo, ó te ahogo. ¿Y después? -Después la perdí de vista para siempre; pero no he podido borrar de mi imaginación el recuerdo de aquella mujer. ¡Qué uñas tenía! En cierta ocasión me las clavó en la nariz, y la tuve inflamada más de ocho días. Cuando D. Paco recuerda sus pasadas aventuras, parece que se remoza; pero pronto vuelve á su natural preocupación, y unas veces se lleva las manos al estómago, otras á la cabeza, otras á los vacíos, y así sucesivamente. El médico, harto de oírle la relación de sus achaques, le mandó este verano los baños de ola á ver si se curaba de una vez ó reventaba.