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5 RÍSPaiiH La juventud de D. Paco había sido borrascosa. Por él se había suicidado la cuñada de uii comadrón; por él cayó enferma de amor la hija de un sastre; por él había ingresado en un convento la sobrina de un registrador de la propiedad, feo, pero digno. Era D. Paco hombre de hermosa presencia, aunque algo cojo á causa de un golpe que le había dado con una badila cierto esposo ofendido. Hoy D. Paco hace una vida metódica; su salud, quebrantada por los excesos le exige toda suerte de cuidados, y por las mañanas, en ayunas, toma el agua de Loeches; á mediodía las pildoras de hierro y estearina del Dr. Cerato, y por la noche, antes de meterse en la cama, los bolos reconstituyentes de Camelof. Cuando llega el verano, acude á un establecimiento termal, y allí restaura sus perdidas fuerzas con diarias abluciones y copiosos tragos de agua mal oliente. El estómago de D. Paco es una farmacia en liquidación, donde abundan los hipos y los protos. ¿Cómo va esa salud, D. Paco? -se le pregunta. Y él contesta invariablemente: -Mal, muy mal; ahora tengo una especie de bola en el epigastrio. ¿Por qué lo sabe usted? -Porque cuando me agito, noto que se me sube. Sólo hay un medio de evitar que don Paco no sufra: el de recordarle sus pasadas conquistas. Basta decirle: ¡Pero qué calavera ha sido usted! -para que él exclame con una exaltación impropia de sus años: Oh, lo que es eso! Pocos hombres habrá que se hayan divertido lo que yo. -Ya se conoce que ha debido usted ser muy guapo. -He tenido yo una caída de ojos y una sonrisa burlona, que era lo que habla que ver. Pero mi veleidad amorosa me ha proporcionado algunos disgustos. Nunca me olvidaré de Críspula. ¿De qué Críspula?