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La riqueza, el poder, la noble cuna A los hombres no elevan Ni á impulsos de la audacia y la fortuna; Sus propias fuerzas son las que les llevan, Sin torcer el camino, Al limite que marca su destino. El león, de las selvas soberano, Que es fuerte y grande, pretendiera en vano Elevarse dos palmos desde el suelo; Y el águila caudal, siendo pequeña. De los espacios dueña, Las alas tiende, y con su raudo vuelo Sube atrevida hasta llegar al cielo. Cuándo yo me muera No reces por mi, Que Dios 5 e hace el sordo Cuando oye sentir. Ayer, en el camposanto, A su sepultura ful, Y una voz llena de encanto Dijo: I Acuérdate de uill) En la tierra hallo consuelo. Dije, rezando por ti; puesto que estás en el cielo, A Dios pídele por mil Las apariencias engañan. Al conocerte, exclamé: Para ángel le faltan sólo Las alas á esta mujer. Bn tus redes me prendiste; Y hoy que te conozco bien. Me digo: Lleva eu el cuerpo Un demonio esta mujer. No desoigas un consejo. Niña, que pretendo darte: No te empeñes en mirarte Con ilusión al espejo. Tu cara en él no has de ver, Porque engaña á las mujeres; No ves allí lo que eres, Sino lo que quieres ser. Como las olai que el vieato encrespa Rugen y saltan, y se desbordan, Y ea su corriente todo lo. arrastran, Yendo á estrellarse contra las rocas, Así los hombres, caando ge entregan Á las pasiones que los trasti rnan, Ciegos se lanzan, y ciegos p erden Más que la vida; pierden la honra. TEODORO G U B K R E B O Cuando un espeio, niSa, Te halles al paso, Aunque hablarte pretenda, No le hagas caso; Que los espejos Suelen dar á las niñas Malos consejos. Porque los hombres son, en estas cosas De amor y de inconstancia. Peores que mariposas, Que es cuanto hay que decir; son unos seres Que, vamos, en sustancia. Son casi, casi, igual que las mujeres. ¡Qué barca en el mar profundo, Si sopla el cierzQ. iracundo, No pierde una vez el tino? ¿Quién no yerra su camino Bn el desierto del mundo? AKTOUIO D E VALBUBNA,