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NOVELAS RELÁMPAGOS POR LA PATRONA ¡Qué cara tan alegre tiene la señorita! Calcúlate tú! ¡No, no, ya se le adivina á la señorita que va al altar por su gusto! Aunque quisiera no podría ocultar la dicha que la embarga... Se la escapa por los ojos- Ah, sí, Rosa, soy feliz, tan feliz, que todo me parece un sueño! Créeme Me miro con el traje de boda y aun dudo ¡Es tan rápido este casamiento! Ya tú sabes que hace un año no conocía al que dentro de un rato será mi esposo- ¿No la vio á usted por primera vez en aquella corrida de toros que dieron los nuevos tenientes antes de abandonar la Academia? -Exacto Posees una excelente memoria Él estaba encargado, con otros compai ñeros, de colocar en sus asientos á las señoj, ras Me ofreció el brazo- -Y cayo- ¡Rosa, Rosa! Medita lo que hablas- -Perdón si la ofendí, señorita... -Te perdono... Oye ¿Es el espejo, ó se me arruga un poco el hombro derecho? Á ver Estíramelo bien... ¿Asi? -Perfectamente Dime ¿No es verdad que en lara se le advierte al señorito Eduardo que es muy mo? -Sí, señorita, y tratándole se persuade una de que todavía es mejor Yo abrigo la seguridad de que con él va á vivir la señorita en un paraíso- -Así lo espero Me quiere mucho- ¡Ah! La adora ¡Yo me convencí de ello cuando la señorita pasó aquellas calenturas en que sé puso tan grave! Por la mañana, por la tarde, por la noche, á cualquier hora que salieran los criados á la calle, se le encontraban én la acera de frente, acechando, aguardando noticias, mirando al balcón ¡Como entonces no había hablado todavía al señor Marqués! -Es un corazón de oro Y me idolatra, sí; me contempla con embeleso, arrobado, como si yo fuera una cosa santa Por supuesto que le pago en la misma moneda, y te aseguro que sin su amor me sería imposible la existencia- -Pero por fortuna, señorita, su cariño no le ha faltado