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770 BLANCO Y NEGRO Concilio para el momento en que fueran promulgadas; pero impaciente al ver que el Papa retrasaba tan deseado momento, concibió la idea del famoso Interim, especie de símbolo ó formulario de fe y de disciplina, comprendido en 26 articnloa, redactados por sabios teólogos de modo que satisficiesen en lo posible á los protestantes y á los católicos. Seis sesiones solamente celebró el Concilio en tiempos de Julio II en la última, que fué el 28 de Abril de 1552, se leyó el decreto de suspensión por dos años, A causa de haberse encendido repentinamente tales tumultos y g; uerras por los artificios del demonio, enemigo de los hombres, que el Concilio se vio precisado, con bastante incomodidad, á suspenderse é interrumpir su progreso, perdiéndose toda esperanza de ulterior adelantamiento No fueron dos, sino diez años, los que tardó en volver á reunirse. Pío IV, por bula expedida en 29 de Koviembre de 1550, lo convocó nuevamente y celebró la primera sesión, que fué la 17. el día 18 de Enero de l. 62, continuando ya, sin interrupciones, hasta la sesión 25. y última, que comenzó el día 3 de Diciembre de 1563 v terminó el siguiente día, con las ceremonias de clausura, de que nos ocuparemos hoy por ser éste el hecho que nos recuerda la fecha del día. E l Ilustríaimo y Reverendísimo Cardenal Morón, primer Legado y Presidente, dijo: Ilnstrlsimos señores y Eeverendísimos Padres: Convenís en que á gloria de Dios Omnipotente se ponga fin á este sacrosanto y ecuménico Concilio? Y que los Legados y Presidentes de la Sede Apostólica pidan á nombre del mismo Santo Sínodo al Beatísimo Pontífice Eomano la confirmación de todas y cada una de las cosas que en él se han decretado y definido, asi en el tiempo de loa Romanos Pontífices Paulo I I I y Julio III, de feliz memoria, como en el de nuestro Santísimo Padre Pío tV? Todos respondieron: -Así lo queremos. El Presidente les echó su bendición, y siguieron as aclamaciones en esta forma: M Cardenal de Lorena. -Muchos años y memoria sempiterna á nuestro Beatísimo Padre y Señor el Papa Pío, Pontífice de la santa y universal Iglesia. X W Padres. -Dios y Señor, conserva para tu Iglesia por larguísimo tiempo al Santísimo Padre: concédele larga vida. MI arilenal. -Conceda el Señor paz, eterna gloria y felicidad entre los Santos, á las almas de los Beatísimos Sumos Pontífices Paulo III y Julio III, por cuya autoridad se comenzó este Sacro y general Concilio. Los Padres. -Sea su memoria en bendición. El Cardenal. -Sea en bendición la memoria del emperador Carlos V y de los Serenísimos Reyes que han promovido y protegido este Concilio. Lns Padres. -Ksí sea, El Cardenal. -Ijarga vida al Serenísimo y siempre augusto, católico y pacifico emperador Fernando, y á todos nuestros Reyes, Repúblicas y Príncipes. Jjiis Padres. -Conserva, Señor, este piadoso y cristiano Emperador. Emperador del Cielo, ampara los Reyes de la tierra que conservan tu santa fe católica JSl Ca- rdenal. M. xicha, ü gracias y larga vida é. los Legados de la Sede Apostólica Romana, que han presidido en este Santo Concilio. Iios Padres. -Sluchas gracias Dios se lo recompense. JSl- ákrdeTuil. los reverendo Cardenales é ilustres Embajadores. LosWadres. -Muchas gracias: larga vida. Jíl Cardenal. -Larga vida y feliz regreso á sus iglesias á los santísimos obispos. Zns J adres. -Sea perpetua la memoria de estos proclamadores de la verdad. Mil Cardenal. -El Concilio Tridentino es sacrosanto y ecuménico; confesemos su fe, observemos sus decretos. Lns Padres. -Así sea. M Cardenal. -Asi lo creemos todos; sentimos lo mismo y lo afirmamos y suscribimos. Esta es la fe del bienaventurado San Pedro y de los Apóstoles, la fe de los Padres, la fe de los católicos. Los Padres. -Asi lo creemos, sentimos y firmamos. M Cardenal. -Insistiendo en estos decretos, hagámosnos dignos de la misericordia y gracia del primero, grande y supremo sacerdote, Jesucristo Dios, por la intercesión de su Santa Inmaculada Madre y Señora Nuestra, y la de todos los Santos. Xfl Padres. -Así sea. Jíl Cardenal. Anatema á todos los herejes 1 Los Padres. (Anatema! lAnaterual Después de esto, mandaron los Legad y Presidentes, so pena de excomunión, á todos los Padres que antes de ausentarse de la ciudad de Trento firmasende propia mano los decreiJos del Concilio, ó los aprobasen por instrumento público, y todos suscribieron después en número de 255; es á saber: 4 legados, 2 cardenales! 3 patriarcas, 25 arzobispos, 168 obispos, 7 abades, 39 procuradores, con legitimo poder de los ausentes, y 7 generales de las Ordenes religiosas. La bula de confirmación fué dada á 28 de Knero de 1384. La cídula del Rey de España D. Felipe I I mandando la observación de las doctrinas y decretos del Concilio, tiene la fecha de 12 de Julio de dicho año. A los españoles correspondió gran parte de la gloria de aquel lamoso Sínodo. Refiriéndose á ellos, dice D. Ignacio López de Ayala; Durará, sin duda, con la Iglesia la memoria de su celo, y resonarán con los nombres de D. ITr. tíartólomé délos Mártires, de O. Pedro Guerrero, del cardenal Paohejo, de D. Martín de Ayala, de D. Diego de Álava y de otros muchos españoles, los tiernos y vehementes clamores con que pidieron la rel orma de las costumbres, anhelando por ver renacer aquellos primitivos y felices días, en que florecieron á competencia el celo y desinterés de los eclesiásticos, y el candor, pureza y sumisión de los seglares. ¿Cuánto no ayudaron con sus luceí los sabios españoles Domingo y Pedro de Soto, Carranza! Vega, Castro, Carvajal, Láynez. Salmerón, ViUalpando, Covarrubia, Menchaca, Montano y Fuentidueñas? Los puntos más principales se sometieron á su examen, y contribuyendo con su talento y sabiduría á la defensa de la fe católica y al lustre inmortal de la nación esnañola, correspondían al honor con que los distinguió el Conéilio y á la expectación de la Iglesia universal. Qué dificultades no vencieron también los Reyes de Bspaña para lograr la convocación del Concilio, para principiarlo, proseguirlo y restablecerlo después de haberse interrumpido en dos ocasiones? Al emperador Carlos V, á su hermano Fernando y á Felipe I I se debe la victoria de tantos obstáculos como fué necesario superar para llevar á cabo tan santa y necesaria obra. Quien desee amphas noticias de las vicisitudes, luchas. disensiones y aun intrigas y rencillas que hubo en este Concilio, puede leer, entre otras, la obrade Pablo Sarpi y la del cardenal Palaviccini. en que se refutan algunos errores de aquélla. El que sólo desee conocer las doctrinas, cánones y decretos en él aprobados, vea la excelente traducción hecha por el citado Sr. López de Ayala. Nosotros, para concluir, copiaremos las siguientes palabras de César Cantú en sus Ueréticos de Italia: Todos los Concilios desde el de Nicea hasta el de Trento, han sido considerados en la historia del mundo como las Asambleas más notables que esta misma historia recuerda por la dignidad de los personajes que las compusieron, por la importancia de las cuestiones que allí se agitaron, la elevación de Jas ideas, superiores á, los limites de país, de nacionalidad y de tiempo, fundadas sobre principios irrefragables é inspiradas, no por una generosidad abstracta, sino efectiva y jamás desmentida. Allí se tomaron las decisiones más graves, más prudentes y más elevadas; se formularon las más sabias instituciones para el régimen de la Iglesia y las mis á propósito para la paz de las almas y la salvación del mundo, sin que haya sido necesario corregirlas ni anularlas. TELLO TÉLLEZ.