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E N S E Ñ A R LA O R E J A Con sus carros, anda que anda, Trae Juanón á los Madriles Kmbutidos y pemiles Del propio Villabnitanda. En Madrid encuentra un socio Muy bruto, pero muy fuerte En eso de atar la suerte Al carro de su negocio. Y los dos brutos unidos, Del cerdo para decoro Van haciendo un monte de oro De pemiles y embutidos, r- Y ganoso de vender Y cansado de ganar, Juanón se pone á pensar En lo que tiene que hacer Con los dos ó tres millones Que le deja de ganancia La inapreciable sustancia De chorizos y jamones. Y va Juanón, anda que anda, Pero e n t r e n cómodamente, A buscar á aquella gente Que dejó en Villabnitanda. Y envueltos en telas ricas, Por puerta de los Madriles Mete al fin los seis pemiles De su esposa y sus dos chicas, Que, á pagar en sus pellejos Derechos de jamón rico, Le hubieran costado un pico De los dichos milloncejos. Echando un corte de cuentas, Toma un palacio por casa, Y el tal choricero pasa A vivir bien de sus rentas. Lávanse hijas y mujer Las ensangrentadas manos, Que en matanza de marranos Tuvieron tanto que hacer; Y él, hombróu de mucho peso, Y ellas, buques de gran porte. En las calles de la corte Orgullosos con exceso, Arman grande batahola Y escándalo, por el pujo De lucir un tren de lujo Que no pega ni con cola. ¿Señorío? ¡Tontería! Juanón se queda extasiado AI ver un cerdo colgado En cualquier salchichería; Y ellas, olvidando el brillo De su poBÍoión flamante. Con el animal delante Ya están pidiendo un cuchillo. Lujo sí, pero no pasa, Porque dominando queda Sobre el lucir de la seda El relucir de la grasa. Con el oro no han podido Vencer antiguos resabios, Y en sociedad, en sus labios Un saludo es un gruñido. Y así hay mucha gente maja Cuando en lo alto ver se deja, Siempre enseñando la oreja De aquel de la vista baja. EDUARDO BUSTILLO.