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762 BLANCO Y NEGRO j con las cañas al hombro se encaminaron á la playa. La gente que estaba en la terraza, al ver aquellos aficionados que tan de mañana iban á sembrar el luto y la desolación en el reino de Neptuno, se aglomeraron á la baranda, y ellos, impertérritos, saboreando su triunfo de antemano, armaron los aparejos, tendieron las cañas, fijaron sus ojos en los corclios y quedaron en éxtasis. De yez en cuando cruzaban una mirada, diciendo: o: ¡Qué felices somos! Las bañistas permanecían á cierta distancia, como sirenas enamoradas, contemplando á los esbeltos pescadorcitos. De pronto se oyó un grito, al que hicieron eco ahogadas exclamaciones de nuestros artistas pescadores: dos nervudas manos habían aranzado con cautela hasta cogerlos del cuello con tal fuerza que se les congestionó el rostro y quedaron sin movimiento: la terrible sorpresa les hizo pensar en tiburones alados, ¡mas no eran malos tiburones! Tras aquellas manos de hierro, dejáronse ver algunos agentes de policía, capitaneados por rudo inspector de torva faz y voz vinosa, que les dijo con sardónica sonrisa: ¡Ustedes no son pescadores! ¿Pues qué somos? -preguntó el rubio, que se había vuelto verde. ¡Ravacholes! -gritó el inspector. Como si su voz hubiera sido la trompeta del juicio, comenzaron á sentirse gritos, y carreras; todos creían verse por los aires; en cada uno de los agujeros de las mal juntas tablas veían cartuchos de dinamita, y en un santiamén el establecimiento quedó desierto. Formáronse en la playa compactas filas; por entre ellas pasaron codo con codo nuestros pescadores, zaheridos, escarnecidos y vilipendiados por cuantos creían haber tenido la vida en peligro. ¡Pobres compatriotas nuestros! Aun siguen en la cárcel incomunicados, porque allí, como en todas partes, los trámites judiciales son largos y porque á nadie logran hacer creer que tan apuestos mancebos fueron á Rimini sólo para pescar. A. F E R í í A l í D E Z M E R I N O (flustradon ea de D, Mariano Benlllure. ó- um ioj i iT m Bajo este título damos hoy comienzo á una nueva sección que esperamos será perfectamente acogida por los lectores de BLANCO Y NEGEO. Aun cuando la idea no nos pertenece, creemos no ha sido puesta en práctica todavía en España, al menos en la forma que nosotros lo hacemos. E n esta sección colaborarán literatos, políticos, artistas y cuantas personas gocen de justificada notoriedad en nuestro país y en el extranjero. A la amabilidad del eminente poeta D. Manuel del Palacio debemos el primer autógrafo que á continuación publicamos: á éste seguirán los de otros hombres no menos importantes, habiendo correspondido todos ellos á nuesta invitación con, una galantería que nunca sabremos agradecer lo bastante.