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758 BLANCO y NEGRO -Aprende finura, Adolfo- -Ea, basta de guayaba, señoritas A lo positivo Hoy corre una tarde de primera, que seguramente dedica el sol á la juventud, y en la parte que me toca quiero hacerle los honores en toda regla- -Al grano- -La paciencia es la reina de las virtudes, Carmen Pues he pensado que nos larguemos á merendar á cualquier ventorro del río, y á estirar las piernas por la Moncloa. ¿Que tal? ¡Bravo, bravo! ¡Es una excelente idea! -Ya me figuraba yo que alcanzaría ¡oh diosas! vuestros plácemes Gracias, amado pueblo ¿Dónde proyectabais dirigiros? -Quizás por ese sitio Eso depende de nuestra tía, que está arriba vistiéndose- ¡Oh! P s verdad que existe una tía, un abominable cancerbero Yo opino al revés de Campoamor; ¿conocéis á Campoamor, niñas? N o no es ningún modisto Pues á mí me agrada la soledad dedos en compañía- ¿Por supuesto que estarán ustedes dispuestas á bailar, como todos los años? -Deseandito que abran la Alhambra, Juan A los veinte abriles se la mueven á una las piernas sin pedirla permiso- -Calcule usted ¡Cuatro ó cinco meses sin otras habaneras que las de las murgas! -Mucho se retrasa vuestra dignísima tía, distinguidas oficialas Sería conveniente que la dierais prisa- -La diremos por el patio que se avive. -Mejor es- -Pues echad al aire vuestro chillido Tú, Luisa, que posees un acento de tiple de café, capaz de llegar hasta el cielo, anda- -Agradeciendo el piropo, mala persona; voy á llamarla III- ¿Cuántas, calentitas, cuántas? -Ya ha puesto la Justa su asador de castañas en la entrada de la taberna- ¿Cuántas, cuántas? -Voy á convidarlas á ustedes- -No, don Juan, no se moleste- -Señora Sinforosa Usted es la primera capaz de embaulárselas verdes y con árbol y todo; conque déjele usted que se gaste el dinero- ¡Qué cosas tiene este Adolfo! Pero, ¿es que me va usted á tomar el pelo? -Yo no tomo nada que no es mío, ilustrísima señora. ¡Ea! ¡Yenga un pañuelo! Nos entretendremos por el camino- ¡Qué blandas son! ¡Demonio! ¡Cuánto tarda el tranvía! Estoy viendo que vamos á volver de noche ¿Hay por aquí algún estanco? Echaré la carta á María, y me quito de ese cuidado. -Sí, al doblar esa esquina- -Pues soy con ustedes. ¿Donde va? ¿Por tabaco? -No, señora A ponerle un, sello á una castaña. ALFOKSO P É R E Z N I E Y A V