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Vuelven los tiempos normales; Ya no hay toros, serenatas, Congresos, ni cabalgatas, Ni fuegos artificiales. Ya está o las calles á obscuras, Ya callan los orfeones, Ya no alegran los balcones Las vistosas colgaduras. Ya torna Colón también A su plácido reposo Sobre el pedestal grandioso Que es de su gloria sostén. Terminó lo extraordinario Del festejo sempiterno, Y acabó para el Gobierno La tregua del Centenario; Que al dar los festejos fin Va la lucha á comenzar, Y va el Gobierno á pasar De nuevo las de Caín. Ya de la fiesta el rumor Es nn eco que se pierde; Ya está otra vez Villaverde Kervioso y de mal humor. Ya empiezan los sinsabores; Ya les da la desazón Hacer la combinación De nuevos gobernadores. Sigue la crisis fatal Que los ánimos encona, Y silban en Barcelona Al señor de Nocedal. ¡Dar un escándalo así Un partido tan piadoso, Tan bueno, tan religioso! ¡Si al pronto no lo creí! ¡Una turba vocinglera Que alborota con cinismo, Y tira piedras lo mismo Que un anarquista cualquiera! Porque, además de silbar, Hubo allí cristales rotos. Si hacen esto los devotos, ¿Dónde vamos á parar? Lo que un Ministro decía Al saberlo: Nos lucimos; Es mucha suerte; salimos A complicación por día. Y hay para darse al demonio Renegando de la gracia: ¿Verdad que tiene desgracia. Cuando manda, don Antonio? Motines de verduleras, Silbas, huelgas, tremolinas,