Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
754 BLANCO Y NEGRO efitaado á un tiempo el eacaeatro de las armas enemigas y la injusticia de su patria, apenas halló el benemérito escritor de La Ley agraria, un asilo remoto en que poder espirar. Añádase este borrón á los muchos que afean la historia de nuestra literatura. No fué solo Moratín quien tan justas y expresivas alabanzas tributó á Jovellanos; otros muchos escritores espaSoles, desde el dulcísimo Meléndez hasta el enérgico Quintana, y no pocos escritores extranjeros entusiastas de las glorias d nuestra patria, han ensalzado y celebrado el talento, los méritos y las virtudes de aqufil patricio insigne, y han lamentado sus desdichas y sus persecuciones lanzando terribles y merecidos anatemas contra sus inicuos perseguidores, entre los que se distinguió, por su posición y por su saña, el endiosado favorito de un rey débil y necio y de una reina liviana y altanera, el famoso Godoy, cuya privanza funesta y vergonzosa provocó la honrada indignación del hombre justo que fué siempre patrono De la verdad y la v i r t u d y azote De la mentira, del error y el vicio. Pero no puede haber elogio más grande de sus prendas, ni censura más formidable contra sus enemigos, que los que naturalmente se desprenden del sencillisimo relato hecho por él mismo en un breve resumen ó lista de sus servicios y persecuciones que figura entre los Apéndices á la Memoria en defensa de la Junta central, y que ni aun extractar podemos por tener que refrenar el deseo ante lo reducido del espacio. Baste decir que Jovellanos prestó en todo tiempo servicios importantísimos á la nación y al Rey, ya aconsejando útiles reformas, ya realizando proyectos beneficiosos, fomentando constantemente el progreso moral y material del país, creando nuevos centros de instrucción y mejorando los antiguos, abriendo numerosos caminos para promover y facilitar el comercio y comunicación de los pueblos, y llevando á las leyes el espíritu y las tendencias del progreso para moralizar la administración pública, mejorar la enseñanza, difundirla ciencia, amparar el derecho, proteger el trabajo y lograr, en fin, la prosperidad de la industria, del comercio y de la agricultura, bases firmísimas para el engrandecimiento de la nación. Mientras vivió el rey Carlos IIX, cuyo elogio escribió Jovellanos, haciendo con su hermoso trabajo aun más grata la memoria de aquel preclaro monarca, el sabio estadista y cultísimo escritor fué apreciado y distinguido, obteniendo nombramientos y honores debidos á sus merecimientos; pero muerto aquel rey á fines de 1788, comenzó para él la serie de vicisitudes en que los pocos momentos de fortuna ni aun le permitían descansar de los infortunios, vejaciones y desventuras que le hicieron sufrir. Por ello, al terminar la citada lista de servicios y de persecuciones, dejaba asomar la amargura que rebosaba de su corazón, escribiendo estas palabras: De esta relación, y de lo dicho en la segunda parte de la Memoria, resulta que después de haber servido con buen celo á mi Sey y á mi patria en varios destinos y comisiones, desde 1767 hasta 1801, y desde 1807 hasta el presente (1811) ya atendido ó ya olvidado del Gobierno, y ahora ensalzado sin mérito, ahora ultrajado y oprimido sin culpa, llegando al sesenta y ocho de mis años, tengo todavía que buscar mi tranquilidad en aquella máxima de Cicerón: Conscientiam rectos voluntatis maximam. consolationem esse rerum incommodarwn; neo wllum máximum Tnalum prceter oulpamjt Poco después de coleccionados ó escritos los mencionados Apéndices, cuya advertencia preliminar está fechada en Santa Cruz de Eiva de trila, á 2 de Mayo de 1811, los asturianos luchaban heroicamente contra la invasión francesa, y Jovellanos, á pesar de sus años, tomó parte en el movimiento patriótico de sus paisanos, animándolos al combate y excitándolos con el conocidísimo canto guerrero que comienza con estos versos: A las armas, valientes astures. Empuñadlas con nuevo vigor; Que otra vez el tirano de Europa El olar do íelayo insultó. Ved qnéfierossus viles esclavos Se adelantan del Sella al Nalón, T otra vez sus pendones tremolan Sobre Torres, Naranoo y Gozón. Corred, corred briosos, Corred á la victoria, Y á nueva eterna gloria Subid vuestro valor. La suerte fué en aquella ocasión contraria á las armas españolas, y D. Gaspar tuvo que acogerse á un barco que bogaba por la costa, con intención de buscar refugio en Eivadeo; pero una furiosa tempestad, á que sirvió de juguete el pequeño bergantín, lo empujó al puerto de Vega, donde le fué preciso desembarcar. Allí, á los pocos días, se sintió atacado por la pulmonía fulminante que puso término á su vida el día 27 de Noviembre de aquel mismo año. Algún tiempo después fueron trasladados sus restos á Gijón, donde en el verano del pasado año de 1891 le erigieron una estatua, celebrando notables fiestas. La inscripción que señala su sepultura fué compuesta por D. Manuel José Quintana y D. Juan N. Gallego, y dice asi: D. O. M. AQUÍ TACE EL EXCMO. SE. D. GASPAB MELCHOE D E JOVELLANOS, M A a i S T R A D O M I N I S T R O P A D E E B E LA P A T B I A NO MENOS S B 8 P E T A B L B P O B SUS V I R T U D E S QUE A D M I R A B L E POR SUS T A L E N T O S U R B A N O R E C T O Í N T E G R O CELOSO PROMOVEDOR D B LA C U L T U R A Y D E TODO A D E L A N T A M I E N T O E N S U P A Í S L I T E R A T O O R A D O S P O E T A J U R I S C O N S U L T O F I L Ó S O F O ECONOMISTA; D I S T I N G U I D O E N TODOS G É N E R O S E N MUCHOS E M I N E N T E HONRA P R I N C I P A L DE E S P A S A MIENTRAS VIVIÓ, Y E T E R N A G L O R I A D E S 0 P R O V I N C I A Y D E SU F A M I L I A QUE CONSAGRA Á S U E S C L A R E C I D A M E M O R I A ESTE H U M I L D E MONUMENTO. E. I. P. A. TELLO TÉLLEZ.