Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
750 ¡Me falta ya la paciencia! ¿Quién hace lo que yo hago? ¿Quién reduce las escenas? ¿Quién quitó diez personajes Para que hacerse pudiera El Sancho Garda? ¿Quién, Aunque vanidad parezca, Corrige los malos versos Y las lagunas escénicas? ¿Quién dice siempre los Vivas? ¿Quién grita siempre el Alerta? ¿Quién finge el ruido de espadas Y á un siento pasos patea? ¿Quién sino yo truena siempre, Y llueve, y relampaguea, Poniendo de mi bolsillo Hasta el polvo de pez griega? ¿Quién, por último, permite Que, en vez de hacerme calcetas. Mi Paca venga al ensayo, Y callo si la requiebran, Y, aunque la besen la mano, Me repudro la existencia Y paso desde la concha Aun por carros y, carretas? Tal vez alguien que me escacha Guardar silencio debiera. -Ó hablar más (dice Mejía, Que está de la dama cerca) Para unos muchos rigores, Y á otros libertad completa. BLANCO Y NEGRO ¡Qué poco dice usté nada Cuando la señora se echa En los brazos de Tenorio, Con la relación aquella De ámame, porque te adoro 1 Como el público celebra Su fuego, usté nada dice, Y si la arrojan á escena Eamos de flores ó dulces, Endulza usté sus fierezas. -Señores (dice otro socio Para cortar la reyerta) Nadie aquí le falta á nadie, Y, por dar brillo á la escena. Hay que consentir gustosos Semejantes menudencias. La Sociedad está en auge, Y un cajista de La Iberia Me ha dicho que en su periódico, Y hasta en La Correspondencia, Darán cuenta de Melpómene, Que tanto y tanto progresa. Y mientras fuma Mejia Un pitillo de á cuarenta, Y el apuntador murmura, Y su mujer le contesta Diciendo: Merecerlas Que yo no fuese tan buena Suenan pasos ya muy próximos, Ábrese luego la puerta, Y entra el propio Presidente De la Sociedad aquella. -Yengo sin aliento ¡agua ¡Una desventura inmensa! Y mientras todos los socios. Llenos de ansiedad, le cercan. Preguntándole qué ocurre, Poco á poco se serena, Y, con frase entrecortada, A las preguntas contesta: ¡Ah! señores de mi alma; Se acabó nuestra comedia. El audaz Don Juan Tenorio Fué á jugar á la ruleta; Quiso levantar un muerto, Le cogieron, y á estas fechas Estará en el Abanico- ¡Pues si sale es para Ceuta! ¡Oh! Cielos- ¡Preso Tenorio! ¡Y por una acción tan fea! En tanto, Don Luis Mejia Da la chupada postrera Al cigarrillo, y pronuncia Con voz grave esta sentencia: ¡Cuando se hacen esas cosas. Hacerlas bien, ó no hacerlas! M. OSSOEIO Y BERNARD. BENITO MAS Y FRAT El popular escritor andaluz de este nombre, cuyo retrato ofrecemos hoy á nuestros lectores, ha muerto en Sevilla, en el mes de Octubre, después de dos años de pertinaz dolencia que le privó de la razón y obligó á recluirle en un manicomio. Nacido en Écija, pero habiendo recibido en Sevilla su educación literaria, ha muerto á los 46 años, dejando vacio un honroso puesto en la república de las letras. Poeta original y fecundo, rosista elegante y castizo, dramaturgo de no escasa inspiración escénica y periodista enérgico, en todos los géneros ensayó sus fuerzas y sus aptitudes, saliendo airoso de tan arduas empresas. Sus colecciones de poesías tituladas Lftyas secas y Nucturnos; sus dramas La cruz del hábito y Agustina de Aragón; sus brillantes artículos publicados en La Ilustración Española y Americana; su novela La dama blanca, y su mejor obra. La tierra de María Santísima, editada en Barcelona con admirables dibujos de García Eamos, prueban el vigor y la lozanía de aquella inteligencia que la muerte ha extinguido para siempre. Su cuerpo reposa en humilde sepultara, cerca del Guadalqixivir, que tantas veces cantó en sus versos, y su alma habrá saciado ya la sed inextinguible que la devoraba de conté ouplar la Verdad y el Bien infinitos. JOSÉ DE VEDILLA.