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740 BLANCO Y NEGRO Pero pondrá tanto fervor en la frase leso á usted los pies, que parecerá talmente decidido á besarlos ¡7 vaya si los besaría! Porque Ramoneito Cascajeras es uno de nuestros primeros cursis, y habla con tal veliomencia, que expresa con el gesto lo que con la palabra dice, y mUelias veces lo aumenta y Jo vigoriza. Discute, es un suponer, con un su amigo á quien procura persuadir, y lo increpa diciendo: Pero ven acá, hombre; ven acá y ponte en la razón; pues tengan ustedes por seguro que al decir al amigo: ren acá, tira de él tan violentamente, que ó le arranca la mano, ó le hace venir efectivamente; y cuando le dice: Punte en la razón, le obliga á sentarse en el escaño más próximo, ó en el santo suelo si no hay escaño próximo, como si aquello fuera ponerse en la razón. Pero á lo que Eamoncito es más aficionado aiín es al empleo de la abreviatura c. p. b. por la cual siente verdadera predilección. E s de advertir que la leyenda c. p. b. especie de inscripción misteriosa, significaba hasta hace muy poco á juicio de Ramón: caja para brevas, 6 como poco T) ueno, ó corro por bruto cualquier cosa menos ciii os pies beso. Cuando él se enteró de que aquel jeroglifico significaba un cumplimiento y un cumplimiento de buen tono, vio que ante sus ojos se abrían nuevos y vastísimos horizontes, experimentó los ardores todos del nuevo iniciado, y se dio al empleo intemperante del c. J. b. que ha llegado á ser en Eamoncito monomanía. Antes dejará de salir el sol por el oriente que deje de escribir Eamoncito, dos ó tres veces por lo menos, c. p. b. en la más insignificante de sus cartas. Buena prueba es de ello una epístola que, por encargo de su madre, envió Eamoncito á la modista, y que, después de haber meditado largo rato profundamente, redactó en estos términos: Señora Modista (c. J. b. me encarga mamá (c. p, b. que la. sui) lique en su nombre, que si estalla cubado el vestido de mi ermana mallor (c. p. b. lo trayga cuanto antes á esta su casa c. p. b. y que si no está todabía, áiga cuando estará á la portadora, que es mi criada (c. p. b. Tt Y no me digan ustedes que Eamoncito Cascajeras no existe; porque les replicaré que sí existe, y hasta les contaré dónde habita y quién fué el maestro de primeras letras que en él tuvo discípulo tan aventajado. Como existe el hombre que detiene á ustedes en la calle, no para darles un sablazo- -que eso, al fin y á la postre tiene su explicación- -sino para decirles un chiste ó contarles un chascarrillo que aquella misma mañana han leído ustedes al arrancar la hoja del calendario americano, y que de seguro él ha leído en otro ejemplar del mismo almanaque. Como existe el amigo que madruga, contra su costumbre, y visita muy de mañana á su amigo, no para pedirle dinero ó solicitar su ayuda, sino para anticiparse á decirle que en la tertulia de última hora del casino, ó del ateneo, ó del café, llamaron bruto al visitado, y que nadie protestó contra el calificativo, que pareció á todos muy razonable. Lo cual, como se adivina fácilmente, satisface en extremo al hombre á quien se despierta con el solo propósito de darle esa noticia. Como existe el compañero que no se da punto de reposo, ni come pan á manteles hasta que logra decir á un autor recientemente aplaudido que la obra por la cual tantos aplausos recibe es muy mala, como lo prueban sendos juicios críticos de media docena de revisteros de gran fama; juicios críticos que el compañero cariñoso ha tenido muy buen cuidado de recortar, después de atento trabajo de selección, para llevar, como muestra, los más despiadados. Sí, todos esos tipos existen; á todos los conocemos personalmente; de todos y de cada uno podríamos señalar los nombres; pues así también existe y vive y bebe y arde (aunque mal) Eamoncito Cascajeras, que cuando saluda á las señoras se arrodilla casi á sus pies; cuando nos da un apretón de manos, nos atrae, como Rubinstein se acercaba el piano, y cuando escribe cartas menudea de un modo inverosímil los c. p. b. de lo cual podrán dar fe, mejor que los lectores, las lectoras c. p. b. ANTOXIO S Á N C H E Z P É R E Z