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uvo el bae: io de D. Felipe IV na a menos que veinte hijos entre legítimos y bastardos. Fué, sin embargo, tan desdichado en la sucesión legitima, que sólo se le lo9; ró de los primeros, un varón que heredara el trono, y aun ése. tan endeble de cuerpo como raquítico de inteligencia, no consiguió tener Mjos de ninguna de las dos mujeres con quienes casó, muriendo después de algunos años de reinado desdiobndísimo. De su primera mujer, D. Isabel de Borbón, tuvo Felipe IV siete hijos, amén de un mal parto que sufrió la Reina. Fueron aquéllos, las infantas Margarita María, que sólo duró veintinueve horas; Margarita María Catalina, que vivió veintisiete días: María Eugenia, que llegó á veinte meses: el principe Baltasar Carlos, que falleció cuando aun no hab a cumplido los diez y s ete años: la infanta Mariana Antonia Dominica, que no pudo llegar á los dos años, y Maria Teresa, única que se logró y casó con el Delfín de Francia, que reinó con el nombre de Luis XIV. De D. Mariana de Austria, su segunda mujer, tuvo á las infantas. Margarita María, y María Ambrosia de la Concepción, qne murió los quince días de nacida; al príncipe Felipe Próspero, de cuyo nacimiento hoy hemos de ocunarnos, y que murió antes de cumplir los cuatro años; al infante D. Fernando Tomás, que sólo vivió diez meses, y al principe D, Carlos, que le sucedió en el trono, y al que la posteridad dio el apodo de M líeaJtizado, cuando, más merecido tenía el de El Mentecato. Por singularísimo constraste, los hijos que fuera de matrimonio tuvo el Eey poeta en esto buen imitador de su bisabuelo el César Carlos V, casi todos se lograron, y muchos de e los desempeñaron altos puestos y se hicieron notables por su saber ó por sus cualidades. Aunque no hay noticias de todos ellos, sábese que tuvo, estando casado con su primera mujer, un hijo, llamado Francis. co Fernando Isidro de Austria, que vivió ocho años, y está sepultado en El Escorial; una hija, Ana Margarita, que entró á los doce años en el Beal Convento de la Encamación de Madrid, á la que, por mandato de su padre se daba el tratamiento de Serenidad, y que murió siendo Superiora v gozando justa fama por su saber y por sus virtudes; y otro hijo, cuyo nombre, D. Juan de Austria, es famoso como el de su homónimo, el hijo bastardo del Emperador celebérrimo vencedor de Lepante. Sobre el origen de D. Juan de Austria II hubo dudas- -aunque el Rey lo reconoció como suvo- -por ser su madre una comedianta, Maria Calderón la, Calderona) que. á la vez que con aquél, ní antenía relaciones con el Duque de Medina de las Torres y con otros varios. Las hablillas y murmuraciones eran lógicas, y fueron recogidas por los poetas satíricos en coplas y composiciones burlescas, entre las que figuraba la conocidísima que comienza con estos versos: Un fraile y una corona, Un dnqne y nn cartelista, Andnvieron en la lista De la bella Calderona; Bailó y alguno blasona Qae de cuantos han entrado En la danza, ha averiguado Quien llevó la prez del baile; Pero yo aténgome al fraile Y quiero perder doblado. n Tuvo después Felipe IV otros varios hijos bastardos, entre ellos D. Alfonso, que fué Obispo de Málaga; D. Carlos, D. Fernando, que usó el apelUdo Valdés, y fué Gobernador de Novara y General de la Artillería; otro D. Alfonso, que fué Obispo de Oviedo y llevó el apellido de Sam, Martin, por haberlo criado y prohijado D. Juan de San Martín, gentilhombre de boca, que casó con su madre, D. Tomasa Aldana, dama de la Reina; y por último, otro hijo, llamado D. Juan Cosío, que también tomó el apellido del caballero que lo crió en Liévana. Este, que fué religioso agustino, gran predicador, y autor de una excelente Vida de San Vicente Pav. l. era hombre sabio y modestísimo, y muy conocido de todos, que al decir de un historiador, reinando Carlos 11, le nombraban sin cautela el hermano del Key. No hay para qué decir, conociendo todos los expuestos antecedentes, cuánta fué la alegría del Eey y del pueblo, cuando el día 20 de Noviembre de WJ, muerto ya el príncipe Carlos Baltasar, y ya casi perdida la esperanza de sucesión legitima masculina, dio á luz la Reina un hijo, que por feliz coincidencia vino al mundo el día que la Iglesia consagraba á San Próspero. Apenas corrió la voz, el pueblo acudió á Palacio, donde el Rey dio á besar la mano á cuantos llegaron, yendo después con lucidísimo acompañamiento, y jinete en un brioso caballo morcillo, á dar las gracias á Nuestra S ñora por tan feliz suceso, y disponiéndose. con tal motivo fiestas brillantísimas, que duraron hasta el Miércoles de Ceniza del siguiente año, y cuya relación se conserva en un libro en 4. pergamino, que está en la Biblioteca Nacional, entre los raros, y lleva este título: Fiestas que se celebraron en la corte por el nacimiento de D. Felipe Próspero, Principe de Asturias. Hace memoria de ellas al Rey nuestro señor (Dios le guarde) poniéndolas en las manos del excelentísimo Sr. Marqués de HeUche, D. -Luis de Vlloa. No tiene año ni lugar de impresión. En este curioso libro relátanse con pintoresco estilo y notables pormenores, la ceremonia del bautismo, las funciones de fuegos, cañas, toros y estafermos; las máscaras, comedias y danzas que hubo en todo aquel largo espacio de tiempo. El Príncipe fué bautizado el día 13 de Diciembre, viniendo para ello D. Baltasar de Moscoso, Arzobispo de Toledo, qne fué asistido por el Jnquiádor general y el Obispo de Sigüenza. -Los corredores y capillas de Palacio estaban regiamente engalanados, y la comitiva, en que figuraban todos los Grandes, Geutileshombres, Consejeros, etc. salió del cuarto de la Reina á las dos de la tarde, precedida por los Maceres y Reyes de Armas. -El Almirante llevaba el salero; el Duque de las Torres, la toalla; el de Sesa, el aguamanil; el Marqués de Priego, la vela; el buque de Alba, el capillo, y el Conde de Oñate, la ofrenda. -Seguía, con ropa de brocado blanco y banda carmesí, el Conde- Duque de Olivares, primer Ministro, y llevaba al Principe, en una silla de cristal de roca y oro guarnecida de coral, la Condesa de Salvatierra, su aya, á cuyo lado iba la infanta Maria Teresa, que era la madrina. En la capilla esperaban con hachas encendidas los pajes del Eey. Abrió la silla el Marqués de Castrof uerte. Mayordomo de la Reina, y tomó al Príncipe en la banda el Conde- Duque entregándolo á la madrina para la ceremonia bautismal. Las fiestas y regocijos públicos fueron extraordinarios, y necesitaríamos gran espacio para dar de ellos siquiera ligerísima idea. -Las fiestas de toros que hubo en la Plaza Mayor y en el Buen Retiro, con asistencia de los Reyes, fueron notabilísimas. En ellas tomaron parte muchos nobles, con tal ostentación de lujo y de valor, que fué cosa admirable. En las primeras salieron el Almirante, el Marqués de Villafranca, el Conde de Cabra, el Almirante de Aragón y el Marqués de Almazán, cada uno con cien lacayos que llevaban riquísimas libreas, y los Sres. D. Antonio de los Infantes, D. Diego Cárdenas y O. Tomás Malgarejo, cada uno con cincuenta no menos bien uniformados. La fiesta se deslució, sin embargo, por haber caldo una fuerte granizada que obligó á suspenderla; pero todos los caballeros hicieron vistosas y arriesgadas suertes. La del Buen Retiro resultó igualmente lucida sin aquella contrariedad, y tuvo dos partes. Por la mañana corrieron seis toros, saliendo con varas largas el Duque de Ábranles, los Marqueses d é l a Guardia y de la Puebla y varios señores más; continuando el festejo por la tarde con otros seis toros y otros distinguidos caballeros. Durante los días que duraron los festejos representáronse comedias en tablados puestos en sitios públicos, y en el teatro del Buen Retiro. TJna de las que en éste se representaron fué la zarzuela en dos jornadas y una loa, de D. Pedro Calderón, El Laurel de Apolo, no habiéndose representando otra que también escribió, para el martes de Carnaval, por haberse indispuesto la Reina y haber terminado las funciones el Miércoles de Ceniza. Representáronse también comedias de D. Diego y D. José de Figueroa y Córdoba, de D. Antonio Martínez y del celebre D. Antonio de Solis, Secretario del Rey, que escribió con tal objeto Triunfos de amor y fortuna, cuyas mutaciones y tramoyas, dic un escritor, fueron de tan vistosas apariencias, que pudieran dar envidia á Italia, cuyos teatros tanto encarece la, fama El principe D, Felipe Próspero, como ya hemos dicho, no llegó á cumplir cuatro años. Alvarez de Baena, en sus li s de Madrid, dice: A poco de su nacimiento mostró ser de pocas esperanzas su vida, por lo delicado de sus fuerzas padeciendo de alferecíK que se le fué agravando de suerte que los médicos lo desahuciaron. Sus piadosos padres acudieron, aunque inútilmente, á los auxilios divinos, y no sólo hicieron poner y sacar en rogativa las imágenes de Atocha y la Soledad y llevar á Palacio el cuerpo de San Isidro, sino que trajeron de Alcalá el de San Diego, el domingo 21 de Octubre de 1661, y estuvo en el cuarto de Su Alteza hasta que expiró á las dos de la mañana del 1. de Noviembre. TELLO TÉLLEZ.