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732, BLANCO Y NEGRO calle, ha tropezado una de las cargas con un tranvía Los coches se paran haciendo fila, la gente forma inmenso cerco en torno de la bestia, y todo se vuelve chasquidos de fusta, blasfemias de los cocheros y broma y regocijo de los circunstantes. Apaciguado el tumulto con la llegada de los arrieros, y calmado el flujo y reflujo de la calle, la Celestina vuelve á ocupar su asiento y se pone á mirar la gente que pasa. Cerca del atrio de la iglesia, donde va á lindar el puesto, una serie de pobres están de pie, ó sentados en los escalones, alargando la mano para recibir la limosna; algunos meten la cuchara de palo en algún manoseado puchero, y sacan el despojo dado por alguna casa del vecindario; otros se rebujan en el sayo cuajado de remiendos, y muestran el sitio donde fué una oreja, el lugar en que se irguió la nariz, ó las cuencas donde chispearon, llenas de luz, las pupilas. El cuadro trae á la memoria algunos lienzos de Velázquez, en los que el ambiente de pobreza está á maravilla interpretado, y la realidad ha sido llevada á gozar vida inmortal en los colores. Del personal que va penetrando en la iglesia percibe Celestina el olor á violeta desprendido del pañuelo, el de pomada que se exhala el peinado, el de manzana que difunde el traje pobre, y un cierto olorcilLo religioso que despiden los devocionarios y las devotas. El aspecto de la calle contribuye también al constante recreo de la mujer, que, con una mano sobre el cesto donde expone á la venta rojos tallos de grosella y hopos de cometas, deja ir la vista y mírala gente que repasa los anuncios de los teatros, la que marcha precipitadamente por las aceras, la que invade ómnibus y tranvías, y todos los incidentes de que se compone la pintura viva de un cuadro humano. Después que, doblando al aire la rodilla frente al altar, ha salido la gente de la iglesia, no es raro ver á algún soldado, fijo como barra de lacre, frente al puesto, el cual, para sorprender á su novia en los columpios de Los Cuatro Caminos ó en Las Ventas, dobla y mete en el bolso, donde guarda sus escasas monedas de cobre, aquel romance que se titula: Diez mil y más mujeres por dos cuartos, todas con gana de novio y ninguna sin su por qué. SALVADOS RUEDA. LA G U I T A R R A Ni del laúd vibrante los sonidos Ni el son divino de sonoras aipas; Ni del órgano dulces melodías Ni el rumor de nocturnas serenatas; Ni las gratas cadencias del piano Ni del arte las rítmicas baladas Contienen el sublime sentimiento Que en las vastas regiones de mi patria Encierra entre sus notas celestiales El armónico son de la guitarra. Entonan sentidísimos cantares Con leda voz de celestial acento. ¡Cuan gratas son en noches apacibles Esas notas que exhala entre el silencio, Si en la puerta de viejos caseríos La pulsan venturosos labriegos! I Cuan bello es en los verdes melonares, De la pálida luna á los reflejos, Escuchar sus sonidos, que parecen El rumor prolongado de los céfiros! Y cuando al borde de españolas playas La pulsa con afán el marinero, Recordando que es ella la poesía Que inspira la pasión y el sentimiento. La vaga idea del amor perdido Y de la edad primera los recuerdos Nos lleva á la memoria la guitarra Con sus sones monótonos y lentos; El placer, la pasión y 3 a esperanza Las mil venturas que forjara el sueño Cuando vibra nerviosa ó compungida Infunde en nuestras almas con anhelo; Ella expresa á la par que la honda pena La dulce placidez que guarda el pecho Y ella inspira también á las hermosas Sentidos cantos que recoge el viento. 1 Cuan bello es en las tardes de verano Y del sol á los últimos destellos, En los alegres patios andaluces Oír sus dulces melodiosos ecos! ü n esos patios donde mil mujeres, Que son las gracias del hispano suelo. Aunque al cruzardel mundo las edades Cayeran las viviendas solitarias; Aunque en bellos salones se perciban Tan sólo los viqlines y las arpas; Aunque sus mil costumbres populares Perdíeia el suelo de mi noble patria, Mientras guarde la hermosa Andalucía 351 sublime poema de las lágrimas; Mientras que viva un hijo de su suelo Y luzca el sol en la feliz España, Habrá de ser la voz del sentimiento E l armiónico son de la guitarra. EXKiquE BEDEL Y AGUILAR.