Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
I Colgados de unas guitas que se extienden á lo largo del muro de una iglesia, y acompañados de juguetes que consisten en banderillas de papel, cometas y plumeros para limpiar ajuares de muñeca, lucen los pliegos de r o m a n c e s del puesto, el cual cuida y arregla la vieja Celestina, que allá, en los 6 arrios bajos, tiene su garito y se emplea en entablar palique con vecinas y comadres y en empalmar y zurcir voluntades mal avenidas. Y poco que goza ella cuando, puestos en orden los objetos, se sienta én su silla baja, con asiento de anea, y se pone, mano sobre mano, á ver pa sar la serie de, coches y tranvías que dan carácter y movimiento á la plazuela. Á veces, la mano furtiva de una mujer, que entra en la iglesia, de 1 1 i, los dedos de la pecadora, t alcí, j imiúaocia leoipiuad i mente en el seno, hasta que después de los repiques pa r. i otra misa, entra en el templo Un apuesto devoto y le en trega la carta misma, recogiendo otra en su lugar. Asi, dando y recibiendo esquelas, metiéndose donde no la llaman, y entablando conocimiento con todas l.i criadas del distrito, Celestina pasa el rato lo más ditraídamente posible, y discute y comenta todos los chi mes que caen en su oído, que ella arregla y sazona, agregando á c a d a expediente la indispensable ración de juicios propios y aventurados. Cuando ve aproximarse un grupo áepaletos con las varas atravesadas en el cinto y las calzas llenas de ataderos, Celestina experimenta una sacudida de placer y lanza su pregón para incitarles á la compra de saínetes y romances donde se relata la Historia de Diego Corrientes, los lances del agudo Candelas, ó la vida de El Marqués de Villena, por otro título. La Redoma encantada. Así que el rústico más diestro en la lectura ha deletreado, á duras penas, unos cuantos títulos que- le agradan, y ha pagado su importe consiguiente, la Celestina prorrumpe en esta sarta de palabras, parecida á la sucia y lacrimosa de cuentas de un viejo rosario: ¿No quiere llevar ninguna otra cosa de la tienda? Tengo polvos de quitapesares, que devuelven la alegría al corazón y hacen olvidar las penas de amor; tengo también la semilla eficaz, que se da en tres tomas á la mujer que uno quiere, en tres vasos de agua; tengo los polvos que se echan en las reuniones para que todos salgan á la carrera entre retortijones de tripas, si antes no quieren dar un pasillo; guardo en un bolsillo la piedra que atrae, y que solamente con tocarle en el vestido á una mujer, hace que se muera por uno y le pida cita y palabra de novio. Todo eso tengo para los mozos de gracia que vienen á visitar mi puestOi A este tenor, la mujer ensarta otras mil y mil relaciones, hasta el extremo de qvi ¡í, embebecidos los paletos con la charla de la vieja, han dejado ir solas las bestias, y cerca ya de la punta de la