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MADRID MONUMENTAL LO QUE DICEN LAS E S T A T U A S LAS D E L P R A D O Fría y lluviosa la noche. Ruge á lo lejos el trueno. ITi la sombra de un sereno, ÜTi el sordo rodar de un coche. Un silencio sepulcral Qué interrumpe solamente La queja triste y doliente Del cuarteto escultural. Nobles é ilustres varones, Cuyo plácido reposo Turba el ruido espantoso De bandas y de orfeones, Tranquilos podéis hablar Y aquí á solas discutir. Nadie os vendrá á interrumpir. Yo sólo os vengo á escuchar. Vuestras voces plañideras. Vuestros dolientes gemidos, lío llegan á los oídos Del señor de Fustegueras. Hablad, hablad en buen hora Y endulzad, si puede ser, Con los recuerdos de ayer Las amarguras de ahora. Dije, y con voz que potente Tronaba allá en las alturas, Tuvieron las esculturas La conversación sisruiente: -No es eso. Usted desatina. ¿Y el mérito contraído? ¡Mi mérito es haber sido Marido de la Latina! ¡Ofensa que no perdono, Pues si me ensalzan ahora Recordando á mi señora, Yo resulto un primmo donno! Ni de bromas ni de veras Esta estatua merecí. -No lo habrá pensado así El señor de Fustegueras. -Tengo al ridículo miedo. -Miedo pueril. ¡Eso no! ¿Tener una estatua yo Y no tenerla Quevedo? -Tiene usted mucha razón- -Dijo Lope. -Eso está feo; -Y terciándose el manteo, Terció en la conversación: -Mi estampa de clerigaillo Toda importancia rué niega. Yo no soy Lope de Vega, Yo soy un azucarillo. ¡Como Calderón viviera Y con mi efigie topara, De fijo que me tomara Por un currinche cualquiera! ¡Cuando asi, rígido y tieso, El buen Lope se quejaba, Seguro estoy que lloraba Con sus ojillos de yeso! ¡Horas de terrible prueba -E s por Dios, gracioso empeño El que hoy se acuerden de mí, Y. me coloquen aquí Sólo por ser madrileño. TILLAKUfiVA ESCÜLieai DE DOJt ANTONIO SU 3I LL 0.